Atonal. Sopa de letras

Publicado: julio 28, 2012 en Amplitud Tísica

Atonal. Verde

Publicado: julio 28, 2012 en Amplitud Tísica

Atonal. Letrismo.

Publicado: julio 21, 2012 en Amplitud Tísica
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Atonal.

Versión letrismo.

Por: Hugokoatl Galván (@RockticiasLED)

Verás que no estoy solo,

somos muchos los proscritos,

los bastardos, los malditos.

“Prohibido”: El Mastuerzo.

No nos engañemos. En diversos momentos de la historia del rock en México, esta música ha andado de manita sudada con la propaganda. No tomes dicha palabra, propaganda, como sinónima de los carteles en los que políticos sonríen pidiéndote el voto. La propaganda es mucho más profunda y se mueve en diferentes campos. Pa’ acabar pronto, la propaganda no es más que la propagación de ideas (las que sean, desde religiosas hasta sociales). Por supuesto, los roqueros mexicanos no han estado exentos de esa propagación de ideas gracias a su ostentación como líderes carismáticos de la juventud; eso lo han expresado en innumerables ocasiones, ya sea a través de las letras de sus canciones o sus presentaciones en vivo.

Con motivo del Wirikuta Fest, la siguiente reseña de momentos roqueros con conciencia en México, especialmente en la capirucha, sólo expondrá aquellas conglomeraciones musicales en las que el rock ha sido usado como un vehículo para la concientización (política, social, estudiantil, de salud y las miles de mixturas que se encuentran entre ellas) del público.

Festival de Rock y Ruedas de Avándaro

Fecha: 11 y 12 de septiembre de 1971.

Objetivo: Reunión juvenil.

¿Reunión juvenil? ¿Esa era la lucha? Sí, al menos de una manera tácita. No debemos olvidar que tres meses antes de Avándaro ocurrió el famoso Halconazo (11 de junio) en el que hubo una nueva represión dirigida hacia los estudiantes. Antes de ello, recordemos que el 2 de octubre de 1968 no se olvida. Además, durante la década de los sesenta, tenemos el cierre constante de los cafés cantantes y el desalojo con lujo de violencia que hacía la policía del, en aquel entonces, Departamento del Distrito Federal, el cual se encontraba bajo la regencia de Ernesto Uruchurtu. Vaya, el PRI le tenía pavor a las reuniones juveniles aunque estas fueran sólo para escuchar música. En Avándaro no hubo la necesidad de pancartas o discursos, la simple reunión de 250 mil jóvenes (cifra citada por José Agustín en Tragicomedia mexicana II) fue un mensaje claro para el gobierno de Luis Echeverría: el legítimo y necesario derecho de los jóvenes para reunirse.

Las peñas

Fecha: mayor esplendor durante la década de los setenta.

Objetivo: Protesta política/apoyo a movimientos campesinos y obreros/anti-priísmo.

Para la década de los setenta, el Che Guevara ya estaba muerto y la revolución cubana asentada. La guerra fría entre Estados Unidos y la URSS estaba más que caliente. En México, la situación no era precisamente el American way of life vendido desde el sexenio de Miguel Alemán (1946-1952) y el desarrollo estabilizador de Ruíz Cortines (1952-1958) sólo desarrolló a unos cuantos. A falta del Che, Lucío Cabañas, guerrillero de Guerrero, fue idealizado como el luchador social por excelencia; no era el único, organizaciones como el Consejo Nacional de Huelga, nacido en el 68, seguía vivo, la Liga Comunista 23 de septiembre exponía el ala más radical del pensamiento marxista-leninista y, a finales de la década, Rosario Ibarra de Piedra formó el Comité ¡Erueka! que tenía por objetivo hallar a los desaparecidos políticos.

La música tuvo una participación importante. Aunque algunos músicos roqueros, como Federico Arana, calificaban despectivamente al movimiento que se desarrollaba en las peñas como folcloroides por su cercanía a la trova, agrupaciones como Los Nakos, La Tribu (no confundir con la banda regiomontana del mismo nombre de la onda chicana) y Grupo On’ta exponían a través de sus canciones su apoyo a la ideología de izquierda. Algunos músicos más reconocidos actualmente también participaron activa y musicalmente en el movimiento: José Cruz (líder de Real de Catorce), León Chávez Texeiro, Rafael Catana y Guillermo Briseño formaron parte de la Liga Independiente de Músicos y Artistas Revolucionarios (LIMAR), además de que estaban afiliados al Partido Comunista Mexicano.

“Regida por decibéis,

serpentina nos meus pés,

dançando pelo salão.”

En “Baile de Ilusão”.

 

Quizá muchos no hayan reparado en esta morocha brasileña de pelo embuclado cuando fue nominada a los premios Grammy de 2006 como Mejor Artista Nueva y como Mejor Música Mundial Contemporánea. Es esta última la que debería ser considerada su categoría, pues en sus composiciones se mezcla todo lo que pueda ser mezclado, desde el rhtyhm and blues y cocktail hasta la samba y el reggae, pasando por el lounge, todo aderezado con la cadencia natural del idioma portugués.

Lo mejor de todo es que a pesar de que su obra comienza a ser conocida en Estados Unidos, la nacida como Maria do Céu Withaker Poças no ha abandonado su lengua natal. En Caravana Sereia Bloom sólo una de las 13 rolas está en inglés: “You won’t regret it”, la cual, además es un reggae muy parecido al que se hacía en la década de los sesenta.

El álbum tiene tres rolas que no rebasan los dos minutos de duración y que no se les puede reclamar nada, pues su sabor está precisamente en ese laconismo: “Teju na Estrada”, “Sereia” y “Fffree”. En “Retrovisor”, canción que ha servido como primer sencillo, nos encontramos con una melodía que al parecer sube de intensidad hasta lo bailable, pero después de la segunda estrofa se vuelve casi psicodélica, hasta parecen dos rolas diferentes. Para quienes gustan de lo tranquilo, este disco ofrece “Polhaco”, en la que Céu se luce tan sólo con su voz, guitarra y silbidos.

Quién sabe qué tanto reconocimiento llegue a tener Céu en México, sin duda uno de sus grandes impedimentos es el idioma de sus temas, pero eso no importa cuando se escucha su música. El no entender las letras no es fundamental, lo primordial es sentir el calor de su mezcla musical correr por las venas, y eso lo logra.

Recomendaciones:

Retrovisor

Contravento

Polhaco

You won’t regret it

 

Brasil, 2012

Folk/Fusión

Calificación: *** (3/5)

Por: Hugokoatl (@RockticiasLED)

 

Estructuralismo

Publicado: febrero 29, 2012 en Esas tareas ínfimas

El estructuralismo es una postura teórico-metodológica de la comunicación, en la que la se ve a la sociedad como parte de un todo, pero de igual manera se pueden distinguir estructuras dentro de ese todo. Esta postura también es conocida como la postura lingüístico-hermenéutica y fenomenológica, esto gracias a que se enfatiza el papel del lenguaje en la sociedad, su función como agente de unión entre individuos y también los fenómenos que acontecen alrededor de estos códigos de significación.

La postura estructuralista se puede dividir en dos posiciones históricas, la primera ve el entorno de la sociedad como algo inmedible, pero que también se puede estudiar, esto a través de la filosofía y la metafísica. La segunda parte es la correspondiente a un eje de la Grecia clásica, en el que se retoma la importancia del lenguaje en la sociedad. Uno de las primeras obras en comenzar a ser estudiadas desde una postura estructuralista –en el renacimiento- fue la Biblia, esto gracias al poder de cohesión social que tiene la religión.

Pero los estudios estructuralistas no iniciaron en el renacimiento, pues bien se podría tomar a Santo Tomás como uno de los primeros personajes en estudiar lo que rodea a la palabra, es decir, sus estructuras, sus reglas, sus significados y sus usos, y cómo cada uno de estos elementos pueden llegar a cambiar en un espacio tiempo, y por lo tanto las obras se pueden interpretar según el contexto en el que se leen, observan, escuchan, etc.

Posteriormente, Gadamer sería de los pioneros en utilizar como método de análisis la hermenéutica, es decir, el estudiar obras a través de una interpretación histórica. Pero para llegar a esta verdad –según Gadamer- es necesario conocer las representaciones mentales, los símbolos y los imaginarios sociales de los pueblos. Otra aportación de Gadamer fue romper con una linealidad temporal para realizar un estudio, debido a que para él era más importante conocer interpretando y comprendiendo.

Otro personaje que contribuyó a la realización de esta postura fue Max Weber, quien dividió comprensión de la explicación, pues para él la comprensión es un acercamiento a la realidad por parte del individuo, mientras que la explicación es la información que permite establecer la causalidad de un fenómeno.

Hasta aquí podría pensarse que el estructuralismo guarda ciertas similitudes con el funcionalismo, pero contrario a éste, el estructuralismo no cree en el conocimiento a través del contacto empírico con los procesos o fenómenos, además no se queda en el nivel de causa-efecto de los fenómenos, en pocas palabras, mientras el funcionalismo busca estudiar a la sociedad con metodología parecida a las ciencias naturales, el estructuralismo busca estudiar a la sociedad de diferente forma, y para ello toma como principal herramienta el lenguaje. Por lo tanto, el estructuralismo es quizá la postura que toma desde sus inicios el estudio serio del proceso comunicativo. Pues al reconocer la importancia del lenguaje en la sociedad, es imposible dejar de estudiar a la sociedad y al lenguaje sin la presencia de la comunicación.

Uno de los autores que contribuyó demasiado al desarrollo de esta postura fue Saussure, pues con sus estudios sobre lingüística fue posible la división de las dicotomías de los elementos del lenguaje. Fue a partir de esto que el estructuralismo se comenzó a formar como la postura que hoy conocemos.

Cabe mencionar que contrario a posturas como el funcionalismo o dialéctica de la acción, el estructuralismo busca encontrar los porqués de las acciones humanas, pero para esto se auxilia en ciencias y disciplinas como la psicología, la filología y la clínica médica. Con estos estudios, el estructuralismo construye modelos sociales y a partir de dichos modelos es que se comienza la división de la sociedad en estructuras, las cuales tienen que ver con sus funciones y su formación histórico-cultural.

Una de las disciplinas más representativas e importantes del estructuralismo es la semiótica o semiología –según desde el punto de vista que se vea-. Dicha disciplina se ha dedicado a estudiar a los signos y su actuación en la vida social, además cuenta con la característica de que debido a que entra en muchos –sino es que en todos- terrenos de la cotidianeidad, se ha convertido en una especie de disciplina todóloga, pues los semióticos bien pueden estudiar desde la moda hasta el arte, pasando por los deportes.

 

 

Bibliografía:

–      Mardones JM. Filosofía de las ciencias humanas y sociales. Ed. Coyoacán. México DF. 1999. 260pp

El cine en México estaba a punto de cumplir 50 años, la evolución de dicho medio se llevó poco a poco y de alguna u otra manera con resultados satisfactorios, pero aún faltaba algo. En la década de los 40 el cine mexicano comenzó a mostrar una madurez digna de un medio con una antigüedad de casi medio siglo, las cintas contaban con un contenido mexicano único, en otras palabras, contaban con una fórmula mágica que funcionaba a la perfección: el cine charro. Sin embargo, este no era el único género de cine en México y tampoco el cine mexicano se volvió importante por obra propia, sino que, como siempre, intervinieron las grandes potencias mundiales, que dicho sea de paso, en aquel momento estaban en plena guerra. En pocas palabras, la época de oro del cine mexicano surgió de una mezcla de la fórmula mágica del cine charro, madurez, churros y la Segunda Guerra Mundial.

Antecedentes.

 

Por extraños azares del destino y de la política anticomunista de Estados Unidos, a México llegó un cineasta soviético que gracias a la filmación de una obra adelantada a su época llamada ¡Qué viva México!, logró crear una escuela, la cual sería de suma importancia en los años 40. El paisaje fue una de las cosas que más le gustaban a Eisenstein de México y por ello lo filmó, esto causó que ¡Qué viva México! Se convirtiera en una cinta que marcó un parte aguas en los escenarios, tramas y formas de contar una historia; además de que es una de las películas más importantes de la historia del cine en México no sólo por ser la última cinta silente oficial sino por que también “creó en nuestro país una escuela, seguramente sin proponérselo: La escuela de la fotogenia del paisaje autóctono y la del hieratismo del rostro indígena. Ídolos prehispánicos, pirámides geométricamente admirables, inmovilidad cactácea del aborigen, magueyes, nopales, chizas de adobe, áridos horizontes melancólicos y nubes, muchas nubes.”[1] La influencia directa de ¡Qué viva México!, se encuentra en dos cintas que adoptaron el mismo formato en 1934: Redes de Fred Zinneman y Janitzio de Carlos Navarro en donde curiosamente actuó un tal Emilio al que apodaban El indio.

 

Pero el inicio de lo que hoy es conocido como el cine charro es con las cintas filmadas por Fernando de Fuentes: Vámonos con Pancho Villa, El compadre Mendoza y la exitosa Allá en el rancho grande. A final de cuentas cada una de estas cintas fueron influenciadas por la escuela creada por ¡Qué viva México!, además estas cintas le dieron éxito a dicha escuela y provocaron que se filmaran más películas con el mismo estilo, lo que desembocó en la época de oro del cine mexicano. Así fue que la industria cinematográfica había encontrado su fórmula mágica para el éxito.

Época de oro.

 

La época de oro del cine mexicano está situada en diferentes tiempos, la colocación depende del autor al que se esté leyendo; algunos establecen el intervalo que va desde 1939 hasta 1952, otros de 1932 (con ¡Qué viva México!) hasta 1952 y otros de 1940 hasta 1957 (con la muerte de Pedro Infante). Pero bien es cierto que para hablar de una época de oro se tiene que hablar de obras modelo, las cuales deben de tener algo de suma importancia. Sin embargo sería arriesgado afirmar que todas las películas de la década de los 40 son buenas o que todas son malas, quizá

En la pomposamente llamada época de oro hubo así películas buenas, como en todos los tiempos, pero nada del otro mundo y mucho menos para echar las campanas al vuelo, pues también, como igual sucede hoy en día, el grueso de la producción cinematográfica fue churro vil. Por cada diez películas, nueve malas y sólo una buena.”[2]

Además existieron otros factores para nombrar a la década de los 40 como la época de oro del cine mexicano. Uno de ellos, y quizá el más importante y poco expresado por los medios de comunicación, es la Segunda Guerra Mundial. La influencia que tiene la Segunda Guerra Mundial en el cine mexicano es que Estados Unidos sólo produjo cintas propagandísticas que no le interesaron al público mexicano, también gracias a la alianza de México con los aliados la industria se pudo abastecer del celuloide escaso en aquella época y la producción cinematográfica de otros países disminuyó, por lo que México era de los pocos países que contaban con producción continua. Así que el cine mexicano se convirtió en uno de los más importantes del mundo gracias a que simplemente no había buena competencia, aunque no hay que quitarle los méritos propios que se ganaron algunos directores.

Directores y películas.

 

La época de oro del cine mexicano bien se puede dividir en dos partes, una conformada en el sexenio de Manuel Ávila Camacho y la otra en el sexenio de Miguel Alemán. La época de Ávila Camacho está representada por cintas provenientes de la escuela eisenstiana, mientras que la época de Alemán está un poco más nutrida, pues no sólo había dramas rancheros, sino que surgió el género de las cabareteras. Además surgieron algunas de las cintas más recordadas por todos los mexicanos de la época de oro.

El sexenio de Ávila Camacho tiene como cintas prodigio: Ahí está el detalle de Fernando Bustillo (cinta donde hace su aparición triunfal Cantinflas), Distinto amanecer de Julio Bracho, Santa de Norman Foster, Flor silvestre, María Calendaria, Las abandonadas, Bugambilia, La perla y Enamorada del Indio Fernández y Campeón sin corona de Alejandro Galindo (cinta donde aparece Tin Tán). Como se puede apreciar, en este sexenio fue el gran auge y consolidación del Indio como el principal director de cine mexicano, aunque no se debe de dejar fuera a otros buenos directores como Julio Bracho.

El sexenio de Miguel Alemán tiene como principales cintas las siguientes: Los tres García y Nosotros los pobres de Ismael Rodríguez (cinta donde comienza a gestarse la leyenda de Pedro Infante), La diosa arrodillada de Roberto Gavaldón, Río escondido, Pueblerina, Salón México y La oveja negra del Indio Fernández, Esquina bajan y Una familia de tantas de Alejandro Galindo, El gran calavera, Susana, La hija del engaño, Subida al cielo, El bruto, Él, Ensayo de un crimen y Los olvidados de Luis Buñuel, El rey del barrio de Gilberto Martínez, Ángeles de arrabal y El suavecito de Raúl de Anda, Aventurera de Alberto Gout y El derecho de nacer de Zacarías Gómez. También es posible darle mención honorífica a dos documentales: Memorias de un mexicano que trata sobre la revolución y Crisol del pensamiento mexicano que trata sobre la UNAM. En esta época se puede apreciar dos aspectos que vinieron a reforzar el cine mexicano más allá del cine charro, por un lado el cine de cabareteras que comenzó a llamar la atención del público, sobre todo de los hombres, y la llegada a México de otro cineasta extranjero que marcó un parte aguas, Luis Buñuel.

El star system mexicano.

 

Muchas de las estrellas consagradas en la actualidad que sobrepasan los 70 años, son provenientes del cine mexicano de los 40 y además se encuentran, por supuesto, los que ya murieron y dejaron un legado que hasta la fecha ha sido difícil superar. Así, mientras algunos directores se consagraron, hubo algunos actores que hicieron lo mismo y de muchos de ellos todos hemos oído hablar.

El ídolo máximo de la época de oro del cine mexicano es Pedro Infante y con él se encuentran algunos otros actores/cantantes rancheros como Jorge Negrete y Javier Solís. También podemos encontrar a Roberto Cobo (El jaibo en Los olvidados), Arturo de Córdoba, Tito Guizar, Juan Orol, Joaquín Pardavé y Víctor Parra. Y por último los comediantes más representativos como Resortes, Mario Moreno Cantinflas y Germán Valdéz Tin Tán; el caso de Tin Tán es curioso, pues él no inicio como actor, sino como locutor en la XEJ de Cd. Juárez perteneciente a Roberto Meneses, uno de los principales competidores de Azcárraga.

Y por el lado de las mujeres podemos encontrar a Elsa Aguirre, Irma Dorantes, María Félix, Katy Jurado, Libertad Lamarque, Marga López, Carmen Montejo, Yolanda Montes mejor conocida como Tongolele, Evita Muñoz Chachita, Silvia Pinal, Ninón Sevilla (la cabaretera por excelencia) y María Victoria entre muchas otras.

También cabe mencionar al equipo que hizo del Indio Fernández el director tan importante que es en la actualidad. El trabajo del Indio no fue producto sólo de él, sino que también son de suma importancia la eterna pareja de sus mejores películas: Pedro Armendáriz y Dolores del Rio (y en Enamorada María Félix). El Indio encontró un gran equipo con esos dos actores, además de sus otros fieles acompañantes como Gabriel Figueroa en la fotografía y Mauricio Magdaleno como guionista.

Géneros y temáticas.

 

La época de oro del cine mexicano inició sólo con el cine proveniente de la escuela einsenstiana (aunque ya existían otros géneros como el drama fantástico de Dos monjes y el melodrama de cabaret de La mujer del puerto) pero termino con otros géneros representativos.

Uno de los más importantes fue el género urbano de Alejandro Galindo pues fue “el que mejor ha sabido ver la comedia humana y el drama social de la ciudad de México.”[3] Esto lo demostró Galindo con Esquina bajan, Una familia de tantas, y Los Fernández de Peralvillo que son algunas de sus cintas modelo. Además Galindo comenzó a gestar el cine de American way of life que se contraponía al esquema feudal representado en cintas de Juan Bustillo Oro.

Otro género que surgió fue el cómico, que fue representado, por supuesto, por Cantinflas, Tin Tán y hasta Resortes. Los dos filmes más representativos de este género son Ahí esta el detalle y El rey del barrio, el primero de Cantinflas y el segundo de Tin Tán. Cabe mencionar que el pachuco de oro también tiene en su haber el record de ser el actor que más actrices besó en sus cintas, pues no era un bufón sino un galán con sentido del humor. Además de que algunos lo consideraban “a unos pasos de ser de los hermanos Marx.”[4]

Y por último tenemos al género de las cabareteras, este género jugó con las temáticas del melodrama de cabaret pues la situación era casi la misma: Una mujer bailarina o prostituta. Pero la cosa cambió cuando dichas mujeres no eran llevadas con engaños a los cabarets como en el melodrama de cabaret (Santa por ejemplo), sino que ellas llegaban solitas. Este género tuvo su auge en el sexenio de Miguel Alemán, principalmente con Aventurera, Salón México y Víctimas del pecado.

Instituciones del cine.

 

La industria cinematográfica mexicana llegó a su auge en los 40 y fue natural que las instituciones que trabajan en dicha industria crecieran y en algunos casos se formaran otras. Una de las instituciones que tuvo un crecimiento considerable fue el de las productoras, esto gracias a que se tuvo un gran número y además entre todas llegaron a crear más de 100 películas al año. Algunas de las empresas productoras más importantes de aquellos tiempos son las siguientes: Águila Films, Grovas Films, Diana Films, Oro Films, Filmex, Pro cine y Films Mundiales que se terminó fusionando con Clasa Films debido a que las dos pertenecían a Hipólito Signoret y debido a la apretada situación económica que estaba pasando Films Mundiales. Además estaban presentes los estudios Churubusco y Azteca, los dos principales de la industria.

Por otro lado se encuentran los sindicatos de trabajadores que se formaron. Los dos principales fueron el Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica (STIC) y el Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC) que también se dedicó a realizar algunas películas, una de las más importantes fue Los Caifanes que hicieron hasta los años 60. Estos dos sindicatos veían por los derechos de los trabajadores y entre una de sus acciones más importantes se encuentra el apoyo a la realización de la Ley Cinematográfica.

La Ley Cinematográfica se decretó en 1949 y tenía dos puntos principales: La vigilancia de las cintas que debía de hacer la Secretaría de Gobernación y la creación de el Consejo Nacional de Arte Cinematográfico (CNAC) y el Registro Público Cinematográfico que tenían como principal tarea la regulación de las cintas. Los sindicatos esperaban que “la ley enfrentara y resolviera los problemas de la censura, que debían ser terriblemente graves.”[5] Esto gracias a que en alguna ocasión Guillermo Jiménez, encargado de la supervisión de cintas por parte del gobierno, declaró que las cintas las censuraba según su propio criterio, es decir, él les quitaba lo que creía no era conveniente. Este era un problema, pero no era el único, había otro: el monopolio.

José Revueltas, encargado de la sección de autores y adaptadores del STPC, denunció en 1949 la presencia de un monopolio: “el ochenta por ciento de los cines está en manos de un monopolio que integran tres personas, dos visibles y una invisible: Espinosa (de la operadora de teatros), Alarcón (Asociación Nacional de Exhibidores) y el americano Jenkins, que constituye el poder detrás del trono.”[6] Además, a su renuncia, Revueltas declaró que en el cine mexicano había capital yanqui de negociantes mal intencionados, que por si fuera poco, afectaban los intereses del país. Como era de esperarse el gobierno sólo amenazó al monopolio y éste se negó a cumplir los artículos de la ley cinematográfica que no le convenían. Además los directores independientes que no querían depender del Banco Cinematográfico quedaron en las mismas, es decir, con el nulo apoyo que tenían antes de la ley.

Inicio de la decadencia.

 

Con la llegada de los años 50, de la televisión, el fin de la guerra y del final del sexenio de Miguel Alemán, el cine mexicano comenzó lo que sería su larga, muy larga decadencia. Para empezar, en 1951 no hubo debuts de directores, todas las películas fueron hechas por los mismos directores de siempre, en otras palabras “el estanque no se veía mal, pero no por eso dejaba de ser estanque.”[7]

Pero no todo fue decadencia al inicio de la década de los 50, pues Abelardo Rodríguez vio el gran negocio que era el cine y se dispuso a ser la competencia de Jenkins. Pero Abelardo Rodríguez no fue sólo, sino que lo apoyaron Zacarías, Bustillo Oro, Alfonso Sánchez Tello, De Fuentes, Joselito Rodríguez, Emilio Tuero y De la Serna entre otros. Así que los estudios Tepeyac lograron un mayor alcance, pues muchos trabajadores de la industria decidieron apoyar al menor, en este caso Abelardo Rodríguez y sus estudios Tepeyac.

Pero a final de cuentas el cine mexicano comenzaba su decadencia y el monopolio no fue el único factor pues también se encontraban otros tales como las historias que comenzaban a ser repetitivas de las cintas del Indio, el fin de la Segunda Guerra Mundial y por lo tanto el repunte de Hollywood, la llegada de la televisión y la formación de los canales 2, 4 y 5. Y por si fuera poco, el crecimiento de películas churro en el cine mexicano, que si bien ya existían antes, en esta época fue su boom.

 

Entonces fue que la madurez que se le comenzaba a ver al cine mexicano se esfumó en tan sólo una década. Rápido vino y rápido se fue. Muchos fueron los factores que hicieron del cine mexicano un cine grande a nivel mundial y de la misma forma hubo muchos factores que provocaron la decadencia del cine mexicano. Pero también se puede ver de otra forma al fugaz éxito del cine, es decir, de lo bueno poco y nos podemos quedar sólo con bueno: La llegada de Buñuel a México y la gracia de hacer la que es considerada la mejor película mexicana, Los olvidados, el crecimiento de estrellas que siguen siendo adoradas y el desarrollo de la industria cultural mexicana por excelencia, representada por Pedro Infante y que al morir dejaría su lugar a El santo, el enmascarado de plata. Así que por qué quejarse tanto, sólo cambiamos al charro por el luchador, y después por el albañil arrabalero piropero alburero. Todos ellos mexicanos a final de cuentas.

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía:

–      García Riera Emilio. Historia documental del cine mexicano 5: 1949-1950. Universidad de Guadalajara. México. 1993. 363pp

–      Garcia Riera Emilio. Historia documental del cine mexicano 6: 1951-1952. Universidad de Guadalajara. México. 1993. 309pp

–      http://cinemexicano.mty.itesm.mx/front.html

–      Sánchez Francisco. Luz en la oscuridad. Ed. CONACULTA. México DF. 2002. 286pp


[1] Sánchez Francisco. Luz en la oscuridad. Ed. CONACULTA. México DF. 2002. pp 47

[2] Idem. Pp 78

[3] Idem. Pp 81

[4] Idem. Pp 74

[5] García Riera Emilio. Historia documental del cine mexicano 5: 1949-1950. Universidad de Guadalajara. México. 1993. pp 8

[6] Idem. Pp 10

[7] Garcia Riera Emilio. Historia documental del cine mexicano 6: 1951-1952. Universidad de Guadalajara. México. 1993. pp 7