Cine en el cardenismo

Publicado: enero 17, 2012 en Esas tareas ínfimas

La llegada de Lázaro Cárdenas a la presidencia representó cambios realmente sustanciales en el país. Quizá con Cárdenas se da el inicio real de lo que hoy es la política actual. Así que sin quedarse atrás, el cine se vio influenciado por esos aires de cambio, los cuales se vieron reflejados en el nuevo cine mexicano, el cual además sirvió de antesala de lo que es llamada la época de oro. Así que es el último escalón que subió el cine mexicano antes de entrar a época dorada.

Comedia y drama ranchera

Para hablar del cine charro mexicano es necesario mencionar a su creador, o por lo menos, una de las personas que dejó una gran herencia: S.M. Eisenstein. Eisenstein fue un cineasta que probó suerte en la meca del cine, pero por ser soviético fue censurado y sus proyectos en Estados Unidos se truncaron. Sin embargo, Eisenstein se mudó a México y aquí comenzó a realizar diversas cintas, entre las que destaca ¡Qué viva México! Esta cinta causó revuelo a inicios de los años 30 por su innovación. Además es la obra con la cual Eisenstein se declaró de corazón mexicano.

El paisaje rural de México fue una de las cosas que más le gustaban a Eisenstein, por ello lo filmó; esto causó que ¡Qué viva México! marcara un parte aguas en los escenarios, tramas y formas de contar una historia fílmica en nuestro país. Además es una de las películas más importantes de la historia del cine en México no sólo por ser la última cinta silente oficial, sino por que también “creó en nuestro país una escuela, seguramente sin proponérselo: La escuela de la fotogenia del paisaje autóctono y la del hieratismo del rostro indígena. Ídolos prehispánicos, pirámides geométricamente admirables, inmovilidad cactácea del aborigen, magueyes, nopales, chizas de adobe, áridos horizontes melancólicos y nubes, muchas nubes”[1]. La influencia directa de ¡Qué viva México!, se encuentra en dos cintas que adoptaron el mismo formato en 1934: Redes de Fred Zinneman y Janitzio de Carlos Navarro en donde curiosamente actuó un tal Emilio al que apodaban El indio.

 

Pero el inicio de lo que hoy es conocido como el cine charro es con las cintas filmadas por Fernando de Fuentes: Vámonos con Pancho Villa, El compadre Mendoza y la exitosa Allá en el rancho grande; a final de cuentas cada una de estas cintas fueron influenciadas por la escuela creada por ¡Qué viva México! Dichas cintas le dieron éxito a la mencionada escuela y provocaron que se filmaran más películas con el mismo estilo, lo que finalmente desembocó en la época de oro del cine mexicano. Así fue que la industria cinematográfica había encontrado su fórmula mágica para el éxito.

Fin del maximato

 

Cuando el periodo de Abelardo Rodríguez estaba a punto de concluir, el PNR (Partido Nacional Revolucionario) comenzó a calificar a los futuros precandidatos, de los cuales saldría el próximo presidente de México. Los tres precandidatos que se eligieron fueron Manuel Pérez Treviño, presidente del PNR; Carlos Riva Palacio y Lázaro Cárdenas, ministro de guerra.

En poco tiempo la candidatura de Carlos Riva Palacio se vino abajo, mientras que Pérez Treviño comenzó a representar al ala conservadora del PNR, mientras que Cárdenas hacía lo propio con la izquierda. Cárdenas tenía un punto a su favor: su carisma, por lo que era propenso a ser electo presidente. En algún momento Calles le comentó eso a Pérez Treviño, argumentándole que para evitar conflictos internos en el PNR era mejor dejarle libre el camino a Cárdenas. Así fue que el michoacano  compitió en las elecciones de 1934 contra Adalberto Tejeda del Partido Socialista y de las Izquierdas, Antonio Villarreal de partidos independientes y Hernán Laborde del Partido Comunista Mexicano. El final es conocido, Cárdenas fue electo presidente de México el 1 de julio de 1934.

Desde el inicio del gobierno de Cárdenas, él trató de deslindarse de Calles, esto gracias a que “cerró el nuevo presidente su apagado discurso con este único efecto dramático, en tono que se me antojó de desafío: <He sido electo presidente y habré de ser presidente>”[2]. Esto puede ser interpretado como un claro distanciamiento entre Cárdenas contra el que le dio su candidatura a la presidencia. Durante dos años la prensa y la opinión pública pensaban que Cárdenas era un muñeco más de Calles, pero el presidente calló todas aquellas especulaciones el 9 de abril de 1936 al hacer pública la expulsión de Calles, Luis Morones, Luis León y Melchor Ortega del país. La intención de Calles fue clara: deseaba gobernar solo, sin gente cercana a Calles (la expulsión de Morones, León y Ortega se debe a que ellos eran parte del gabinete de Cárdenas escogido por Calles).

Consolidación del corporativismo a partir del PRN

 

Para los años 30 el PRN era más como una secretaria de Estado que un partido político. Esto gracias a que la mayoría de los trabajadores del Estado pertenecían a ese partido, además de que había pocos partidos de oposición y por si fuera poco, no tenían un peso específico en la política nacional.

En el gobierno de Lázaro Cárdenas el corporativismo se acrecentó, durante su sexenio se crearon organismos políticos, sociales, culturales y económicos que veían cada uno por sus intereses. Entre los más destacados se encuentra la Confederación de Trabajadores de México (CTM), la cual tenía como objetivo principal vigilar que los derechos de los trabajadores fueran respetados. Aunado a la CTM surgieron diversos grupos de diferentes profesiones, por ejemplo, el de maestros. Así fue que inició la historia del Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza en la República Mexicana (STERM), hoy bajo el nombre de Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

Además el PRN sufrió un cambió sustancial gracias a que ya no se encontraba su fundador (Calles), Cárdenas aprovechó la situación para crear un partido acorde a las necesidades del país y, por supuesto, también a las de él. Entonces del PRN nació el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) en 1938, el cual lleva en el nombre la penitencia pues sigue bajo la línea de ideas revolucionarias e ideas constitucionalistas, en pocas palabras, los integrantes del partido se siguieron asumiendo como los herederos de la revolución. Este nuevo partido representó la unión de diversos sectores de la población, especialmente campesinos, obreros, militares y trabajadores al servicio del Estado, los cuales “aceptaron un pacto que los obligaba a no ejecutar acto alguno de naturaleza político-electoral, si no era a través del PRM”[3], a partir de esto es posible apreciar como esos sectores eran cooptados por el PRM y su voz sólo podía ser escuchada a través de éste. Pero por otro lado, Manuel Gómez Morín en 1939 “distanciado ya del poder público y de un corporativismo engendrado desde el Estado, anunciaba la creación del Partido Acción Nacional”[4], partido que tiempo después se convirtió en la competencia más cercana para el PRI y en una opción política para los más conservadores.

Géneros del cine mexicano

 

Cine mexicano y cine charro parecen ser sinónimos, pero esto no es así pues no todo el cine mexicano es charro. Ya es bien sabido que el cine charro inició con la tríada de Vámonos con Pancho Villa, El compadre Mendoza y Allá en el rancho grande de Fernando de Fuentes, uno de los directores que siguió la escuela eisenstiana. Pero también se filmaron películas con otro tipo de formato a inicios de los treinta, dos ejemplos son La mujer del puerto de Arcady Boytler (ruso) y Dos monjes de José San Vicente. Esta última es representante  del cine de drama fantástico, esto es el olvido de los paisajes rurales del cine charro y crear un ambiente expresionista. Mientras que La mujer del puerto es considerada como melodrama de cabaret, esto gracias a que presenta como protagonista a una prostituta que antes de serlo era una puritana persinada; cabe mencionar que este género es muy usado en el cine mexicano pues tiene sus inicios desde Santa de Federico Gamboa hasta llegar a El callejón de los milagros de Jorge Fons.

Durante el cardenismo también surgieron cintas que por su contenido tuvieron que ser enlatadas por un tiempo, ya fuera por su temática política o moral, el gobierno de Cárdenas decidió que ciertas cintas filmadas en su sexenio no se estrenaran para evitar problemas. Algunas de las cintas más representativas de esto son La rosa blanca de Roberto Gavaldón filmada en 1937 y estrenada hasta 1948; esta cinta muestra los problemas petroleros que tenía el país durante el cardenismo antes de que la industria fuera expropiada. Otra cinta es La mancha de sangre de Adolfo Best Maugard filmada en 1937 y estrenada hasta 1943; esta cinta muestra el enamoramiento entre una prostituta y un joven provinciano. El veto a La mancha de sangre fue más por el contenido moral que por cuestiones políticas, ya que contiene “escenas pornográficas”, por lo que resultaba ser más fuerte (visualmente) que La mujer del puerto.

Durante el cardenismo la semilla dejada por Eisenstein comenzó a crecer. Películas posteriores adoptaron la estética eisenstiana para desarrollar el cine charro, género mexicano por excelencia. Pero ese género no es el único realizado en México, ya que durante esa misma época se comenzaron a desarrollar nuevos abordajes que no alcanzaron a crecer con la misma rapidez del cine charro que conformó en la década de los cuarenta la época de oro del cine mexicano. En síntesis, el cardenismo puede ser recordado en la historia del cine mexicano como la botana antes del plato fuerte, pues en ese tiempo se preparó el terreno para las que son consideradas las cintas modelo del cine mexicano.

 

 

 

Bibliografía:

–      Benítez Fernando. Lázaro Cárdenas y la revolución mexicana. II: El caudillismo. Ed. FCE. México DF. 1977. 250pp

–      http://cinemexicano.mty.itesm.mx/front.html

–      Montes de Oca Navas Elvia. Presidente Lázaro Cárdenas del Río, 1934-1940. Pensamiento y acción. Colegio Mexiquense. México. 1999. 40pp

–      Rodríguez Francisco. Sobre el pensamiento corporativista en el México entreguerras. En Perspectivas sobre el cardenismo. UAM. México DF. 1996. 359pp

–      Sánchez Francisco. Luz en la oscuridad. Ed. CONACULTA. México DF. 2002. 286pp


[1] Sánchez Francisco. Luz en la oscuridad. Ed. CONACULTA. México DF. 2002. pp 47

[2] Benítez Fernando. Lázaro Cárdenas y la revolución mexicana. II: El caudillismo. Ed. FCE. México DF. 1977. PP 249

[3] Montes de Oca Navas Elvia. Presidente Lázaro Cárdenas del Río, 1934-1940. Pensamiento y acción. Colegio Mexiquense. México. 1999. pp 33

[4] Rodríguez Francisco. Sobre el pensamiento corporativista en el México entreguerras. En Perspectivas sobre el cardenismo. UAM. México DF. 1996. PP 341

comentarios
  1. parejota Quiroz dice:

    Buena información, justo lo que buscaba para mi clase de mañana 😉

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