Crítica de la economía política del signo

Publicado: enero 27, 2012 en Esas tareas ínfimas

Tarea realizada para la materia Teorías de la comunicación II de la FCPyS-UNAM en 2008

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El consumo significa. El consumo no es fútil, sabido es que una persona puede llegar a valer por lo que tiene, y los objetos que compra son lo que tiene. Entonces el individuo compra no por que un objeto sirva o, lo que es más curioso, lo necesite realmente, sino que el individuo compra un objeto porque representa un bien de cambio, el cual en muchas ocasiones es una posición económico-social.

Para dejar un poco más claro esto, el objeto no sólo tiene un bien de consumo (su costo, para que va a servir, etc) sino que también cuenta con un valor de cambio, es decir, el poseer un objeto es un bien que puede ser intercambiado, pero no siempre será cambiado por otro objeto (no siempre será un trueque), sino que puede ser cambiado por valores no económicos, como, por ejemplo, un estatus social.

La situación se complica con la presencia de las clases sociales, pues será totalmente normal que el individuo de la clase alta tenga más bienes que el de la clase baja, pero el punto llamativo es el de las clases medias. Esto es gracias  a que los integrantes éstas aspiran a estar dentro del selecto grupo de las clases altas, es decir, subir de nivel. Para lograr ese fin, uno de los caminos es el de consumir bienes que identifiquen al individuo como integrante de las clases altas, esto es, que el sujeto clasemediero consuma productos que están dirigidos a individuos de las clases altas. Esto es conocido como el aspecto aspiracional. Un ejemplo de esto es que el sujeto no puede comprar un BMW porque simplemente no le alcanza, sin embargo, eso no será un impedimento para que se disfrace como integrante de la clase alta, pues para esto él comprara en tiendas socialmente catalogadas como “para ricos” como El Palacio de Hierro o Liverpool, también comerá en lugares caros y realizará todo este tipo de acciones con un solo fin: simular que es parte de la clase alta sin serlo. En pocas palabras, el integrante de la clase alta acumula objetos, mientras que el clasemediero amontona.

Entonces es que aparece otro elemento, la moda, pues la cosa no está en consumir por consumir, el individuo debe de comprar las cosas que están de moda aunque no las necesite, no le sirvan o simplemente no entienda para qué sirven. Es decir, la moda se vuelve una jerarquización de objetos, en donde unos sirven porque según su estética están in, mientras que otros objetos por esa misma razón están out. Pero la estética no necesariamente debe de ser bella, pues la estética que está de moda se vuelve una convención social. Todo esto llega a representar una actividad cultural, pues a pesar de estar en un mundo globalizado, lo que está de moda puede llegar a variar de cultura a cultura.

Hasta aquí se encuentra un eje de consumo para conseguir estatus social, pero el objeto debe de estar de moda por que la cultura así lo dicta. El ejercicio cultural del consumo se puede encontrar presente en los medios de comunicación, pues la publicidad entra en acción. Un mexicano debe consumir tales cosas para ser considerado mexicano. Aquí se trata de ser algo más de un sombrerudo que descansa debajo un cactus; va más allá. El mexicano debe tener un teléfono de Telmex porque es empresa mexicana, debe ver Televisa o Tv Azteca porque son mexicanas y demás situaciones por demás parecidas.

Hasta el momento sólo se ha mencionado muy esporádicamente la temática de la necesidad de un producto. El humano debe cumplir ciertas necesidades primarias (alimento, descanso, etc) pero una vez satisfechas éstas el individuo busca otras necesidades, las cuales no siempre serán las mismas para todos, pero bien es cierto que debido a un contexto cultural, las necesidades pueden resultar ser parcialmente parecidas de individuo a individuo. Con esto también se puede llegar a encontrar que las necesidades bien pueden servir como medio de represión, pues el individuo será inducido a la fuerza a consumir cosas que “necesita”. Aquí cabría resaltar que el consumir no sólo es conseguir un objeto, o un signo, sino que el consumir puede llegar a ser un ejercicio de poder. Uno compra y el otro vende. El que compra “puede tener la razón” o imponer condiciones para comprar. El que vende expone un marco que debe ser consumido, es decir, “lo que ves es lo que hay”.

Entonces es que se puede llegar a una clasificación de los objetos “indicados” o “perfectos” para cada tipo de persona. Ahí entra en acción la identificación de una persona de acuerdo a los objetos que tiene. Esto de la identificación tiene completa relación con el estatus social, pues como ya se ha mencionado antes, el individuo se sentirá identificado en un grupo social debido –en muchas ocasiones- a los bienes materiales que posee.

El fetichismo queda perfecto en este proceso del consumir algo para tener algo más. El consumir cierta mercancía puede otorgar felicidad al sujeto, esta carga de condiciones mágicas sobre un objeto es el fetichismo. Consumir llega a causar felicidad porque el individuo está más cerca de obtener el fin alcanzado, ya sea: ser aceptado en un grupo social, o bien, satisfacer alguna de sus necesidades secundarias. En este punto, consumir sería el equivalente a comer, pues el individuo consigue su objetivo y después de esto se encuentra satisfecho.

Un mismo objeto puede llegar a significar diferentes cosas gracias a su diferenciación, esto es que el carro será siempre el mismo, pero su valor económico cambia gracias al logotipo de la marca que lleva. Un pequeño elemento puede llegar a variar la significación del objeto y hasta sus distintos valores, ya sea económico o de cambio. También puede pasar que aunque el carro sea siempre el mismo (o sirva para lo mismo) el individuo se muera de ganas de tener un BMW porque representa riqueza, más allá de querer un simple vocho o Jetta. Esto pasa gracias a que la diferenciación entre carros significa. Esto también se relaciona con el gasto, pues según Marx, el gastar representa riqueza, así es que el que gasta en un BMW es más rico que el que gasta en un Jetta.

Después de haber mencionado todo esto es importante ver que todo lo anterior es abstracto y en muchas ocasiones arbitrario, desde la moda –que puede ser el mejor ejemplo- hasta la diferenciación. El valor de cambio de un signo/objeto es arbitrario, es una convención social que significa en un espacio-tiempo y que quizá en otro espacio-tiempo su significado cambiaría y por ello también cambiaría su valor de cambio. Los objetos se consumen por puras arbitrariedades, se consumen ciertas marcas de productos por razones subjetivas más que por razones necesarias.

Los medios de comunicación tienen un papel importante en todo esto. En algún momento se mencionó cómo es que la publicidad puede llegar a encaminar las necesidades secundarias del humano, pero en lo general los medios de comunicación pueden ser considerados como puntos centrales en este proceso de consumo. Primero es que cualquier medio de comunicación sirve al individuo para enterarse de lo que se está consumiendo, es decir, de lo que está de moda en determinado momento.

 

 

Bibliografía:

–          Baudrillard Jean. Crítica de la economía política del signo. Ed. Siglo XXI. 8ª edición. México. 1989. 263pp

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