Cine silente mexicano

Publicado: febrero 7, 2012 en Esas tareas ínfimas

Como todo buen bebé, el cine primero fue presentado en sociedad, posteriormente se le llevó a casas de amigos, después comenzó a caminar solo, luego adquirió el conocimiento suficiente para poder hablar. En este trabajo se aborda al cine silente mexicano y también “sus primeras palabras”, las cuales espetó en los ya lejanos años treinta.

PRIMEROS LARGOMETRAJES.

 

En realidad, de largometrajes sólo tenían el nombre pues aún no llegaban a ser tan largos (2 horas) como ahora. Hay que recordar que las vistas no duraban más de 20 minutos y ver algo en el cine de mayor duración a inicios del siglo pasado ya era algo de “larga” duración.

Justo cuando el cine comenzaba a ganar un muy buen terreno estalló la revolución mexicana que interrumpió el avance que ya tenía el cine, sin embargo no se paralizó del todo pues en 1914 se estrenó Sangre hermana en la cual se puede apreciar una lucha entre huertistas y zapatistas. Cabe mencionar, y recordar, que en 1914 el presidente era Victoriano Huerta, persona que llegó para establecer más censura que antes. Otro largometraje que causó controversia al estrenarse en 1917 fue La luz de J. Jamet, pues se dice que es un plagio de la cinta italiana II Fuoco de Piero Fosco estrenada en 1915.

La revolución mexicana también se volvió un tema digno de ser filmado y a esta tarea se dedicaron muchos camarógrafos, casi uno por ejército o, de menos, por héroe revolucionario (léase Zapata, Villa, Huerta y hasta Madero), así fue que Salvador Toscano y Jesús Abitia filmaron los dos largometrajes más importantes de la revolución: Memorias de un mexicano y Epopeyas de la revolución mexicana respectivamente.

Posterior a la constitución de 1917 el cine comenzó a ser más crítico e interesado en la política pues se aprovecharon las libertades que permitió la nueva carta magna. Fue entonces que surgieron una gran cantidad de comediantes que hacían burla de los gobernantes. Pero la nueva constitución no fue el único elemento que ayudó al nuevo desarrollo cinematográfico pues José Vasconcelos desde la Secretaría de Educación Pública y desde la Universidad Nacional “unifica el panorama (de él parte el nacionalismo como doctrina oficial, el muralismo como concreción plástica); promotor de un clima atractivo para intelectuales.”[1]

Así fue que el cine mexicano retomó el camino que había interrumpido la lucha de revolución. Pero para 1924 la producción de largometrajes había disminuido de una manera apreciable pues sólo se filmaba una película por año. Una de las causas a las que se le atribuye esto es a la salida de Vasconcelos de los cargos que tenía y por lo tanto del fin del apoyo a intelectuales.

PRIMERAS PRODUCTORAS Y DIRECTORES.

 

El cine en México ya contaba con directores, camarógrafos y un público, ahora sólo faltaban las empresas dedicadas cien por ciento al cine para que la industria se conformara. Entonces fue que “en 1917, asociada (Mimi Derba) con su director y camarógrafo fundó la productora Azteca Films que en su único año de existencia patrocino cinco largometrajes”[2]. Cabe mencionar que Mimi Derba era una actriz que además se convirtió en la primera directora del cine mexicano con La tigresa.

El gobierno no podía dejar que unos cuantos trabajadores del cine se apoderarán de la industria así que ni tardo ni perezoso creó en 1917 su propia productora que se estrenó con la cinta Patria nueva. Un dato curiosos de esto es que algunas de las cintas que filmó la productora del gobierno es que eran dirigidas por generales o tenientes como es el caso de El precio de la gloria, El black house de alta luz y Honor militar, las tres fueron filmadas por el teniente coronel Fernando Orozco.

Así fue que “entre militares y Mimi Derba, el final de la segunda década del siglo, y la primera de la revolución, prometía un espléndido futuro al cine mexicano, que se perfilaba como el medio escapista por excelencia; ya estaban lejos los años de gloria del documental y ahora el ambiente se llenaba de mensajes optimistas”[3]. Los mensajes optimistas se manejaban en dos tipos distintos de cintas: primero estaban las cintas de toque europeo en donde las mujeres eran presentadas muy bien vestidas y peinadas, como en La soñadora de Eduardo Arozamena filmada en 1917; en segundo lugar se comenzaba a gestar el cine de reafirmaciones nacionalistas  con cintas como Cuauhtemoc de Manuel de la Bandera, Partida ganada de Enrique Casilla, De raza azteca de Guillermo Calles y Fulguración de raza de Fernando Matorel. Todas estas cintas fueron filmadas entre 1917 y 1922, la época que preparó al cinéfilo mexicano al cine charro y lo hizo olvidarse de las ya antiguas vistas.

CINE NETAMENTE MEXICANO

 

Sería un error comenzar la historia del cine mexicano a partir de la década de los veinte, pues como ya se ha visto para esa década el cine ya tenía poco más de dos décadas asentado en territorio nacional. Pero lo que sí surgió en la década de los veinte fue el cine mexicano que comenzó a abordar temáticas gustosas del espectador nacional y la industria cultural para el mexicano apoyada en el cine.

En esta nueva época del cine mexicano las historias comenzaban a ser más atractivas y una de las películas que reflejó esto de muy buena manera fue Santa de Luis G. Peredo. Cabe mencionar que esta película tiene tres versiones, la versión silente, la versión sonora y la versión “actual”. La cinta trata sobre una mujer “persignada y virgencita” que por azares del destino termina siendo la prostituta más profesional de su burdel. Otra de las películas que tiene el estandarte de esta nueva época es La banda del automóvil gris de Enrique Rosas. La cinta está basada en una historia real y mejor aún, el fusilamiento final de los malhechores no es actuado, es el real. Esta cinta es otra de las que posteriormente se le dio sonido al llegar el cine sonoro a nuestro país.

Fue entonces que la meca del cine internacional, Hollywood, nos envió a uno de los directores más importantes en la historia del cine mexicano: S.M. Eisenstein, soviético de nacimiento, mexicano de corazón. Pero ¿por qué Hollywood nos enviaba a este director?, “evidentemente, el cineasta (tal vez por provenir de un país socialista: la Unión Soviética) había sido puesto sin más en la lista negra”[4]. Una vez más el país de la libertad impidió la libre expresión a un cineasta, delincuente por haber nacido en el lugar “equivocado”, pero en este caso de verdad se les agradece pues este soviético hizo mucho por el cine del país que lo recibió.

Eisenstein se interesó en su estancia en México por nuestra cultura y los paisajes mexicanos. Su acercamiento no paró ahí pues se inspiró para hacer una cinta que en aquella época resultó ser original e innovadora, hablo de ¡Qué viva México! Esta cinta se dividió en un prologo, un epílogo y cuatro capítulos, cada uno con una historia diferente y un contexto diferente. El primer capítulo era Sandunga  y tenía por protagonistas a dos indígenas que al final se casaban, el segundo capítulo era Fiesta que ya mostraba a una sociedad influida por la cultura española, el tercer capítulo tenía por nombre Maguey que muestra el autoritarismo porfirista y el último capítulo era Soldadera que expone la lucha de revolución y culmina igual que Sandunga, es decir, en la eterna imagen de la sagrada familia. Finalmente el epílogo mostró al México actual de aquella época, 1931, y tenía imágenes de diferentes gobernantes y por supuesto de algunos lugares.

El paisaje mexicano fue una de las cosas que más le gustaban a Eisenstein y por ello lo filmó, esto ha causado que ¡Qué viva México! , sea una de las películas más importantes de la historia del cine en México no sólo por ser la última cinta silente oficial sino por que también “creó en nuestro país una escuela, seguramente sin proponérselo: La escuela de la fotogenia del paisaje autóctono y la del hieratismo del rostro indígena. Ídolos prehispánicos, pirámides geométricamente admirables, inmovilidad cactácea del aborigen, magueyes, nopales, chizas de adobe, áridos horizontes melancólicos y nubes, muchas nubes”[5]. La influencia directa de ¡Qué viva México!, se encuentra en dos cintas que adoptaron el mismo formato en 1934: Redes de Fred Zinneman y Janitzio de Carlos Navarro en donde curiosamente actuó un tal Emilio Fernández al que apodaban El indio.

 

Pero aún nos falta un elemento para llegar al cine mexicano más conocido por todos, el cine charro, lo que nos falta son dos cintas y su director: Vámonos con Pancho Villa y El compadre Mendoza, ambas de Fernando de Fuentes, el mismo director que filmó en 1936 la taquillerísima Allá en el rancho grande que no sólo es el primer gran éxito del cine mexicano sonoro, sino que también es el inicio del cine que nos representó (y representa aún) a nivel internacional, el cine de machos cantando a caballo y creyentes de la virgencita de Guadalupe, y las mujeres abnegadas, sacrosantas madres de familia.

 

Bibliografía:

–       Enciclopedia Barsa. Tomo IV. México DF. 1987

–       García Gustavo. El cine mudo mexicano. Ed. SEP. México DF. 1982. 76pp

–       Sánchez Francisco. Luz en la oscuridad. Ed. CONACULTA. México DF. 2002. 286pp


[1] García Gustavo. El cine mudo mexicano. Ed. SEP. México DF. 1982. pp56

[2] Idem. Pp 44

[3] Idem. Pp 46

[4] Sánchez Francisco. Luz en la oscuridad. Ed. CONACULTA. México DF. 2002 pp 36

[5] Idem pp 47

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