Época de oro del cine mexicano II

Publicado: febrero 25, 2012 en Esas tareas ínfimas

Estados Unidos siempre ha estado presente en todos y cada uno de los aspectos políticos, económicos, culturales y sociales de México y el cine no fue la excepción. Hasta se podría pensar que el cine mexicano fue grande gracias a Estados Unidos y hoy es chico por lo mismo, no es desprestigiar al trabajo mexicano, pero bien es cierto que mucho de lo que llega a lograr México, tanto bueno como malo, es por que Estados Unidos lo ha dejado. No somos títeres de los Estados Unidos pero también hay que tomar en cuenta la gran influencia que tiene esta nación en casi todo lo mexicano.

México vs Estados Unidos

 

Durante la Segunda Guerra Mundial y el gobierno de Ávila Camacho el cine mexicano dio muestras de grandeza y fama mundial, lo cual no era del total agrado del cine norteamericano. El cine mexicano era y se creía grande, y de tal grandeza decidió desligarse de mucho del cine norteamericano, hasta de los premios, y fue entonces que en 1946 la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas creó la figura del Ariel o el Óscar a la mexicana, el cual tenía la función de premiar a lo mejor del cine mexicano.

         Al termino de la guerra los Estados Unidos y su industria cinematográfica decidieron “recuperar lo suyo”, es decir, el mercado latinoamericano. Entonces Hollywood “había decidido que la mejor forma de abordar los asuntos de esta región, en aras de una buena relación y positiva propaganda, consistía en recurrir para ello al cine mexicano.”[1] Pero la industria mexicana ya no quería que la industria norteamericana la opacara, México había probado las mieles del éxito y no estaba dispuesto a dejarlas. Entonces el Banco Cinematográfico (BC) creó una nueva cadena de cines, de la cual el BC tenía el 51% de las acciones, sin duda una jugada para contrarrestar a la industria estadounidense.

         Tampoco tardaron en aparecer las iniciativas para solucionar este problema que comenzaba a crecer, uno  de los primeros en hacer ofrecimientos fue Guy Ray al proponer “la construcción de cines que serían controlados por los distribuidores estadounidenses, o mediante un acuerdo entre México y Estados Unidos, con bases sobre las cuales el cine mexicano pudiera distribuirse en Estados Unidos y el estadounidense en México.”[2] Pero como era de esperarse esta iniciativa fue ignorada y echada para atrás.

         El problema se agudizó en cuanto el gobierno mexicano comenzó a tener intenciones de imponer una cuota a los filmes extranjeros, por ello el embajador estadounidense en México se puso en contacto con Peter Rathvon, representante de la productora RKO, para proteger los intereses de la industria norteamericana mediante la compra de algún estudio de cine en México. Pero la ofensiva norteamericana no era totalmente norteamericana pues Rathvon realizó una alianza con Emilio Azcárraga, quien de todas formas no estaba tan convencido en entrar en esta pelea.

         Padilla, el secretario de relaciones exteriores de Ávila Camacho, se dio cuenta de la situación que se comenzaba a agudizar entre las industrias norteamericana y mexicana. Por ello alertó del peligro que representaba una apropiación de algún estudio por parte de los norteamericanos para los intereses del país. Los estudios que estaban en disputa eran los estudios Churubusco; el ingenioso plan de los norteamericanos radicaba en que ellos serían dueños del 50% de las acciones del estudio, mientas que la otra mitad sería de Azcárraga, un mexicano.

         En 1944 el gobierno mexicano hizo modificaciones al artículo 27 de la constitución para impedir que la industria cinematográfica norteamericana ganara demasiados beneficios, en pocas palabras, impedir que la industria mexicana se volviera estadounidense. “El gobierno solamente había buscado formas y recursos mediante los cuales la propiedad de las industrias mexicanas bien establecidas y rentables, como era la del cine, quedaran en manos mexicanas y se impidiera a extranjeros adueñarse de ellas.”[3] El primer round de esta pelea lo ganó la industria mexicana pero con la curiosidad de que la RKO sí obtuvo el 49% de los estudios Churubusco y además tenía su propia compañía productora, la RAMEX.

Una nueva pelea comenzó con el tema del doblaje. La industria mexicana no estaba de acuerdo en que el doblaje se realizara fuera de México y en esta oposición participaban tanto el gobierno como los dos sindicatos principales de la industria cinematográfica: Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC) y Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica (STIC). El único que apoyó abiertamente el doblaje fue Carrillo de del STPC, pues lo consideraba una fuente más de empleos.

         El fondo principal de toda esta lucha era que Estados Unidos quería recuperar lo que creía como suyo, y que al terminar la guerra se encontró con un mounstro que ellos mismos ayudaron a crear: el cine mexicano. Así fue que una vez terminada la guerra, la Casa Blanca nuevamente se enfocó al cine. Al menos de la forma que lo hizo antes de la guerra, y uno de los objetivos principales era conquistar a Latinoamérica, Asía y Europa, aunque fuera por medio del cine.

         La Motion Pictures Producers and Distribuidors Association of America (MPPDAA) realizó un plan para que la pelea no se agudizará más, proponía un plan recíproco entre las dos naciones en donde se pudieran importar sin ningún problema las cintas de México a Estados Unidos y viceversa. Pero México no aceptó esto por dos razones: la primera fue que este plan tenía pequeños beneficios para los norteamericanos (pues la MPPDAA era norteamericana) y por que sin duda México aspiraba a algo grande pues tenía la “evidente intención de impresionar a las audiencias latinoamericanas con referencias a la importancia de México como líder de América Latina.”[4]

Entonces México ¡se alió con el enemigo!, pues se iniciaron negociaciones cinematográficas con la URSS a través de la representación de Boris Ivanoff. Sin duda este hecho era el divorcio declarado entre México y EUA. Las negociaciones no terminaron ahí, después de la URSS vinieron negociaciones con España y posteriormente con otros países europeos. Sí, sin duda esto ya era un divorcio. Sin embargo, surgieron algunos problemas internos pues se acercaban las elecciones y los amigos ya no eran tan amigos. Padilla, secretario de relaciones exteriores renunció a su cargo para iniciar su carrera a la presidencia, pero combatió contra el delfín de Ávila Camacho, es decir, Miguel Alemán, el cual además tenía muy malas relaciones con George Messersmith, el embajador norteamericano.

         El inicio del alemanismo tenía buenos horizontes y parecía que el cine mexicano seguiría subiendo peldaños, pero a mediados del sexenio comenzaron a surgir los problemas suficientes para bajar a la industria cinematográfica mexicana de su nube. El primero fue el final de la Segunda Guerra Mundial, el cual provocó que Hollywood prendiera motores de nuevo y no sólo Hollywood sino que las industrias de Inglaterra, Italia, Alemania y España hicieron lo propio; el segundo problema fue el invencible monopolio de Jenkins que no pudieron ser derrocados ni él ni sus aliados; la censura y trabas a la proyección de cintas norteamericanas en México, hecho que provocó que la furia estadounidense aumentara; la negativa del STIC por defender los intereses de productores y directores mexicanos por procurar buenas relaciones con la industria norteamericana; el descuido de la audiencia de las clases media y alta por parte de la industria cinematográfica mexicana a las cuales no les interesaban la vida de los pobres; y como último golpe, el que provocó el knock out, fue la llegada de la televisión.

Alemán y sus cabareteras

 

Como era de esperarse el sucesor de Manuel Ávila Camacho a la presidencia fue Miguel Alemán, su delfín. El período de Alemán terminaría hasta 1952, año en el que no sólo terminó el gobierno alemanista sino que el cine comenzó su larga y muy larga decadencia. Pero volviendo a los inicios del gobierno alemanista, la política de este hombre estaba basada en industrializar a México y el objetivo era cambiar los huaraches por los zapatos y las chozas de techo de lámina por las casas de techo de dos aguas, en pocas palabras, adoptar el american way of life. Esto no sólo en la vida real, también en el cine. Pero debido a muchos y muy diversos problemas el objetivo no se cumplió, o se cumplió a medias, y gracias a esto la sociedad mexicana se quedó entre la industrialización y la agricultura y fue esto lo que se presentó en los nuevos géneros del cine mexicano.

         Una de las diferencias más notorias entre el cine dentro del avilacamachismo y el alemanismo es que las historias ya no recurren al eterno tema de la revolución mexicana, sino que se filman historias en otros escenarios como por ejemplo los cabarets o las calles, pues también prevaleció lo urbano sobre lo rural. También surgieron algunos problemas como el sindicalismo charro y el gobierno decidió seguir “el camino fácil de reducir gastos, los presupuestos y, por supuesto, las ambiciones. Pero ello explica sólo una parte del problema, ya que se consideró que las películas se hicieron pobres no únicamente en su presentación, sino también en su temática.”[5] De este pequeño bache se salió a través de la Comisión Nacional Cinematográfica, la cual era la señal del total apoyo del gobierno al cine pero con una pequeña condición: que las cintas fueran de alta calidad y de interés nacional, en pocas palabras, resaltar lo bonito de México y no tratar temas contra el gobierno. Esto significó el total apoyó al cine, pero un cine que se tenía amordazado pues no podía tomar ningún camino más que el de las cabareteras, el cómico o el urbano. Además, aquí se gestaba otro golpe a los norteamericanos pues “se hizo sentir en la producción de cintas nacionalistas y patrióticas cuyo manifiesto era desligarse de las ideologías extranjeras.”[6] Esto aplicaba a ideas comunistas e ideas norteamericanas.

         A México llegaron diversos directores provenientes de otros países pero sin duda el más importante fue Luis Buñuel quien además se aventó la puntada de crear la que es considerada como la mejor película mexicana hasta el momento: Los olvidados, la cual, dicho sea de paso, fue censurada. Esta cinta del género urbano retrataba a la Ciudad de México pero no de la forma que el gobierno quería pues se mostraba los más mórbido de la sociedad capitalina y la pobreza en que vivía, característica muy marcada de este género, al cual también pertenece la tríada de Pedro Infante, “La chorreada” y compañía, es decir Nosotros los pobres, Ustedes los ricos y Pepe el toro.

         También se llevaron al cine adaptaciones de obras literarias, una de las más importantes fue Doña perfecta. Además se comenzaron a hacer cintas biográficas de héroes de la revolución como ¡Viva Zapata!, la cual tuvo una vigilancia muy especial por parte del gobierno debido al tema tan delicado que retrataba. Por otro lado, la comedia ranchera seguía viva pero no tan viva como durante el avilacamachismo.

         Y por supuesto que también se encuentra el cine de cabareteras, el cual es uno de los géneros predilectos en la historia del cine mexicano pues existe desde la primera Santa hasta llegar a El callejón de los milagros y todas las que sigan. En esta etapa la “aventurera” predilecta de todos fue Ninón Sevilla, protagonista de Aventurera, Sensualidad y No niego mi pasado. Este género se caracterizó por enaltecer a la prostituta, la cual antes de ejercer el oficio más antiguo del mundo era una provinciana persignada que por extraños azares del destino llegaba a la Ciudad de México, se volvía puta y lo que es más, se convertía en la mujer más deseada por todo visitante a su prostíbulo.

La época de oro del cine mexicano terminó igual de rápido como llegó, parecería que duró más pero no fue así, tan sólo duró 13 años, de 1939 a 1952 (aunque hay autores que manejan diferentes fechas), abarcó tres sexenios y una guerra mundial completa. Posterior a esto el cine mexicano entró en un gran bache del cual no ha salido del todo, apenas y ha alzado la mano, pero bien es cierto que los únicos que podemos volver a enaltecer el cine mexicano somos los mismos que lo hundimos, es decir, las productoras, directores, actores, sindicatos, gobiernos, público y  hasta Estados Unidos. Sin embargo, por ahora sólo queda concluir que la época de oro del cine mexicano es la muestra perfecta que de lo bueno poco.

 

Bibliografía:

– Peredo Castro Francisco. Cine y propaganda para Latinoamérica. Ed. UNAM. México DF. 2004. 509pp


[1] Peredo Castro Francisco. Cine y propaganda para Latinoamérica. Ed. UNAM. México DF. 2004. pp 293

[2] Idem. Pp 301

[3] Idem. 320

[4] Idem. 343

[5] Idem. Pp 376

[6] Idem. Pp 380

comentarios
  1. Lusia dice:

    No se olvide el único evento de la PGA TOUR en México! http://bit.ly/AxqVRr

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