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Estructuralismo

Publicado: febrero 29, 2012 en Esas tareas ínfimas

El estructuralismo es una postura teórico-metodológica de la comunicación, en la que la se ve a la sociedad como parte de un todo, pero de igual manera se pueden distinguir estructuras dentro de ese todo. Esta postura también es conocida como la postura lingüístico-hermenéutica y fenomenológica, esto gracias a que se enfatiza el papel del lenguaje en la sociedad, su función como agente de unión entre individuos y también los fenómenos que acontecen alrededor de estos códigos de significación.

La postura estructuralista se puede dividir en dos posiciones históricas, la primera ve el entorno de la sociedad como algo inmedible, pero que también se puede estudiar, esto a través de la filosofía y la metafísica. La segunda parte es la correspondiente a un eje de la Grecia clásica, en el que se retoma la importancia del lenguaje en la sociedad. Uno de las primeras obras en comenzar a ser estudiadas desde una postura estructuralista –en el renacimiento- fue la Biblia, esto gracias al poder de cohesión social que tiene la religión.

Pero los estudios estructuralistas no iniciaron en el renacimiento, pues bien se podría tomar a Santo Tomás como uno de los primeros personajes en estudiar lo que rodea a la palabra, es decir, sus estructuras, sus reglas, sus significados y sus usos, y cómo cada uno de estos elementos pueden llegar a cambiar en un espacio tiempo, y por lo tanto las obras se pueden interpretar según el contexto en el que se leen, observan, escuchan, etc.

Posteriormente, Gadamer sería de los pioneros en utilizar como método de análisis la hermenéutica, es decir, el estudiar obras a través de una interpretación histórica. Pero para llegar a esta verdad –según Gadamer- es necesario conocer las representaciones mentales, los símbolos y los imaginarios sociales de los pueblos. Otra aportación de Gadamer fue romper con una linealidad temporal para realizar un estudio, debido a que para él era más importante conocer interpretando y comprendiendo.

Otro personaje que contribuyó a la realización de esta postura fue Max Weber, quien dividió comprensión de la explicación, pues para él la comprensión es un acercamiento a la realidad por parte del individuo, mientras que la explicación es la información que permite establecer la causalidad de un fenómeno.

Hasta aquí podría pensarse que el estructuralismo guarda ciertas similitudes con el funcionalismo, pero contrario a éste, el estructuralismo no cree en el conocimiento a través del contacto empírico con los procesos o fenómenos, además no se queda en el nivel de causa-efecto de los fenómenos, en pocas palabras, mientras el funcionalismo busca estudiar a la sociedad con metodología parecida a las ciencias naturales, el estructuralismo busca estudiar a la sociedad de diferente forma, y para ello toma como principal herramienta el lenguaje. Por lo tanto, el estructuralismo es quizá la postura que toma desde sus inicios el estudio serio del proceso comunicativo. Pues al reconocer la importancia del lenguaje en la sociedad, es imposible dejar de estudiar a la sociedad y al lenguaje sin la presencia de la comunicación.

Uno de los autores que contribuyó demasiado al desarrollo de esta postura fue Saussure, pues con sus estudios sobre lingüística fue posible la división de las dicotomías de los elementos del lenguaje. Fue a partir de esto que el estructuralismo se comenzó a formar como la postura que hoy conocemos.

Cabe mencionar que contrario a posturas como el funcionalismo o dialéctica de la acción, el estructuralismo busca encontrar los porqués de las acciones humanas, pero para esto se auxilia en ciencias y disciplinas como la psicología, la filología y la clínica médica. Con estos estudios, el estructuralismo construye modelos sociales y a partir de dichos modelos es que se comienza la división de la sociedad en estructuras, las cuales tienen que ver con sus funciones y su formación histórico-cultural.

Una de las disciplinas más representativas e importantes del estructuralismo es la semiótica o semiología –según desde el punto de vista que se vea-. Dicha disciplina se ha dedicado a estudiar a los signos y su actuación en la vida social, además cuenta con la característica de que debido a que entra en muchos –sino es que en todos- terrenos de la cotidianeidad, se ha convertido en una especie de disciplina todóloga, pues los semióticos bien pueden estudiar desde la moda hasta el arte, pasando por los deportes.

 

 

Bibliografía:

–      Mardones JM. Filosofía de las ciencias humanas y sociales. Ed. Coyoacán. México DF. 1999. 260pp

El cine en México estaba a punto de cumplir 50 años, la evolución de dicho medio se llevó poco a poco y de alguna u otra manera con resultados satisfactorios, pero aún faltaba algo. En la década de los 40 el cine mexicano comenzó a mostrar una madurez digna de un medio con una antigüedad de casi medio siglo, las cintas contaban con un contenido mexicano único, en otras palabras, contaban con una fórmula mágica que funcionaba a la perfección: el cine charro. Sin embargo, este no era el único género de cine en México y tampoco el cine mexicano se volvió importante por obra propia, sino que, como siempre, intervinieron las grandes potencias mundiales, que dicho sea de paso, en aquel momento estaban en plena guerra. En pocas palabras, la época de oro del cine mexicano surgió de una mezcla de la fórmula mágica del cine charro, madurez, churros y la Segunda Guerra Mundial.

Antecedentes.

 

Por extraños azares del destino y de la política anticomunista de Estados Unidos, a México llegó un cineasta soviético que gracias a la filmación de una obra adelantada a su época llamada ¡Qué viva México!, logró crear una escuela, la cual sería de suma importancia en los años 40. El paisaje fue una de las cosas que más le gustaban a Eisenstein de México y por ello lo filmó, esto causó que ¡Qué viva México! Se convirtiera en una cinta que marcó un parte aguas en los escenarios, tramas y formas de contar una historia; además de que es una de las películas más importantes de la historia del cine en México no sólo por ser la última cinta silente oficial sino por que también “creó en nuestro país una escuela, seguramente sin proponérselo: La escuela de la fotogenia del paisaje autóctono y la del hieratismo del rostro indígena. Ídolos prehispánicos, pirámides geométricamente admirables, inmovilidad cactácea del aborigen, magueyes, nopales, chizas de adobe, áridos horizontes melancólicos y nubes, muchas nubes.”[1] La influencia directa de ¡Qué viva México!, se encuentra en dos cintas que adoptaron el mismo formato en 1934: Redes de Fred Zinneman y Janitzio de Carlos Navarro en donde curiosamente actuó un tal Emilio al que apodaban El indio.

 

Pero el inicio de lo que hoy es conocido como el cine charro es con las cintas filmadas por Fernando de Fuentes: Vámonos con Pancho Villa, El compadre Mendoza y la exitosa Allá en el rancho grande. A final de cuentas cada una de estas cintas fueron influenciadas por la escuela creada por ¡Qué viva México!, además estas cintas le dieron éxito a dicha escuela y provocaron que se filmaran más películas con el mismo estilo, lo que desembocó en la época de oro del cine mexicano. Así fue que la industria cinematográfica había encontrado su fórmula mágica para el éxito.

Época de oro.

 

La época de oro del cine mexicano está situada en diferentes tiempos, la colocación depende del autor al que se esté leyendo; algunos establecen el intervalo que va desde 1939 hasta 1952, otros de 1932 (con ¡Qué viva México!) hasta 1952 y otros de 1940 hasta 1957 (con la muerte de Pedro Infante). Pero bien es cierto que para hablar de una época de oro se tiene que hablar de obras modelo, las cuales deben de tener algo de suma importancia. Sin embargo sería arriesgado afirmar que todas las películas de la década de los 40 son buenas o que todas son malas, quizá

En la pomposamente llamada época de oro hubo así películas buenas, como en todos los tiempos, pero nada del otro mundo y mucho menos para echar las campanas al vuelo, pues también, como igual sucede hoy en día, el grueso de la producción cinematográfica fue churro vil. Por cada diez películas, nueve malas y sólo una buena.”[2]

Además existieron otros factores para nombrar a la década de los 40 como la época de oro del cine mexicano. Uno de ellos, y quizá el más importante y poco expresado por los medios de comunicación, es la Segunda Guerra Mundial. La influencia que tiene la Segunda Guerra Mundial en el cine mexicano es que Estados Unidos sólo produjo cintas propagandísticas que no le interesaron al público mexicano, también gracias a la alianza de México con los aliados la industria se pudo abastecer del celuloide escaso en aquella época y la producción cinematográfica de otros países disminuyó, por lo que México era de los pocos países que contaban con producción continua. Así que el cine mexicano se convirtió en uno de los más importantes del mundo gracias a que simplemente no había buena competencia, aunque no hay que quitarle los méritos propios que se ganaron algunos directores.

Directores y películas.

 

La época de oro del cine mexicano bien se puede dividir en dos partes, una conformada en el sexenio de Manuel Ávila Camacho y la otra en el sexenio de Miguel Alemán. La época de Ávila Camacho está representada por cintas provenientes de la escuela eisenstiana, mientras que la época de Alemán está un poco más nutrida, pues no sólo había dramas rancheros, sino que surgió el género de las cabareteras. Además surgieron algunas de las cintas más recordadas por todos los mexicanos de la época de oro.

El sexenio de Ávila Camacho tiene como cintas prodigio: Ahí está el detalle de Fernando Bustillo (cinta donde hace su aparición triunfal Cantinflas), Distinto amanecer de Julio Bracho, Santa de Norman Foster, Flor silvestre, María Calendaria, Las abandonadas, Bugambilia, La perla y Enamorada del Indio Fernández y Campeón sin corona de Alejandro Galindo (cinta donde aparece Tin Tán). Como se puede apreciar, en este sexenio fue el gran auge y consolidación del Indio como el principal director de cine mexicano, aunque no se debe de dejar fuera a otros buenos directores como Julio Bracho.

El sexenio de Miguel Alemán tiene como principales cintas las siguientes: Los tres García y Nosotros los pobres de Ismael Rodríguez (cinta donde comienza a gestarse la leyenda de Pedro Infante), La diosa arrodillada de Roberto Gavaldón, Río escondido, Pueblerina, Salón México y La oveja negra del Indio Fernández, Esquina bajan y Una familia de tantas de Alejandro Galindo, El gran calavera, Susana, La hija del engaño, Subida al cielo, El bruto, Él, Ensayo de un crimen y Los olvidados de Luis Buñuel, El rey del barrio de Gilberto Martínez, Ángeles de arrabal y El suavecito de Raúl de Anda, Aventurera de Alberto Gout y El derecho de nacer de Zacarías Gómez. También es posible darle mención honorífica a dos documentales: Memorias de un mexicano que trata sobre la revolución y Crisol del pensamiento mexicano que trata sobre la UNAM. En esta época se puede apreciar dos aspectos que vinieron a reforzar el cine mexicano más allá del cine charro, por un lado el cine de cabareteras que comenzó a llamar la atención del público, sobre todo de los hombres, y la llegada a México de otro cineasta extranjero que marcó un parte aguas, Luis Buñuel.

El star system mexicano.

 

Muchas de las estrellas consagradas en la actualidad que sobrepasan los 70 años, son provenientes del cine mexicano de los 40 y además se encuentran, por supuesto, los que ya murieron y dejaron un legado que hasta la fecha ha sido difícil superar. Así, mientras algunos directores se consagraron, hubo algunos actores que hicieron lo mismo y de muchos de ellos todos hemos oído hablar.

El ídolo máximo de la época de oro del cine mexicano es Pedro Infante y con él se encuentran algunos otros actores/cantantes rancheros como Jorge Negrete y Javier Solís. También podemos encontrar a Roberto Cobo (El jaibo en Los olvidados), Arturo de Córdoba, Tito Guizar, Juan Orol, Joaquín Pardavé y Víctor Parra. Y por último los comediantes más representativos como Resortes, Mario Moreno Cantinflas y Germán Valdéz Tin Tán; el caso de Tin Tán es curioso, pues él no inicio como actor, sino como locutor en la XEJ de Cd. Juárez perteneciente a Roberto Meneses, uno de los principales competidores de Azcárraga.

Y por el lado de las mujeres podemos encontrar a Elsa Aguirre, Irma Dorantes, María Félix, Katy Jurado, Libertad Lamarque, Marga López, Carmen Montejo, Yolanda Montes mejor conocida como Tongolele, Evita Muñoz Chachita, Silvia Pinal, Ninón Sevilla (la cabaretera por excelencia) y María Victoria entre muchas otras.

También cabe mencionar al equipo que hizo del Indio Fernández el director tan importante que es en la actualidad. El trabajo del Indio no fue producto sólo de él, sino que también son de suma importancia la eterna pareja de sus mejores películas: Pedro Armendáriz y Dolores del Rio (y en Enamorada María Félix). El Indio encontró un gran equipo con esos dos actores, además de sus otros fieles acompañantes como Gabriel Figueroa en la fotografía y Mauricio Magdaleno como guionista.

Géneros y temáticas.

 

La época de oro del cine mexicano inició sólo con el cine proveniente de la escuela einsenstiana (aunque ya existían otros géneros como el drama fantástico de Dos monjes y el melodrama de cabaret de La mujer del puerto) pero termino con otros géneros representativos.

Uno de los más importantes fue el género urbano de Alejandro Galindo pues fue “el que mejor ha sabido ver la comedia humana y el drama social de la ciudad de México.”[3] Esto lo demostró Galindo con Esquina bajan, Una familia de tantas, y Los Fernández de Peralvillo que son algunas de sus cintas modelo. Además Galindo comenzó a gestar el cine de American way of life que se contraponía al esquema feudal representado en cintas de Juan Bustillo Oro.

Otro género que surgió fue el cómico, que fue representado, por supuesto, por Cantinflas, Tin Tán y hasta Resortes. Los dos filmes más representativos de este género son Ahí esta el detalle y El rey del barrio, el primero de Cantinflas y el segundo de Tin Tán. Cabe mencionar que el pachuco de oro también tiene en su haber el record de ser el actor que más actrices besó en sus cintas, pues no era un bufón sino un galán con sentido del humor. Además de que algunos lo consideraban “a unos pasos de ser de los hermanos Marx.”[4]

Y por último tenemos al género de las cabareteras, este género jugó con las temáticas del melodrama de cabaret pues la situación era casi la misma: Una mujer bailarina o prostituta. Pero la cosa cambió cuando dichas mujeres no eran llevadas con engaños a los cabarets como en el melodrama de cabaret (Santa por ejemplo), sino que ellas llegaban solitas. Este género tuvo su auge en el sexenio de Miguel Alemán, principalmente con Aventurera, Salón México y Víctimas del pecado.

Instituciones del cine.

 

La industria cinematográfica mexicana llegó a su auge en los 40 y fue natural que las instituciones que trabajan en dicha industria crecieran y en algunos casos se formaran otras. Una de las instituciones que tuvo un crecimiento considerable fue el de las productoras, esto gracias a que se tuvo un gran número y además entre todas llegaron a crear más de 100 películas al año. Algunas de las empresas productoras más importantes de aquellos tiempos son las siguientes: Águila Films, Grovas Films, Diana Films, Oro Films, Filmex, Pro cine y Films Mundiales que se terminó fusionando con Clasa Films debido a que las dos pertenecían a Hipólito Signoret y debido a la apretada situación económica que estaba pasando Films Mundiales. Además estaban presentes los estudios Churubusco y Azteca, los dos principales de la industria.

Por otro lado se encuentran los sindicatos de trabajadores que se formaron. Los dos principales fueron el Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica (STIC) y el Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC) que también se dedicó a realizar algunas películas, una de las más importantes fue Los Caifanes que hicieron hasta los años 60. Estos dos sindicatos veían por los derechos de los trabajadores y entre una de sus acciones más importantes se encuentra el apoyo a la realización de la Ley Cinematográfica.

La Ley Cinematográfica se decretó en 1949 y tenía dos puntos principales: La vigilancia de las cintas que debía de hacer la Secretaría de Gobernación y la creación de el Consejo Nacional de Arte Cinematográfico (CNAC) y el Registro Público Cinematográfico que tenían como principal tarea la regulación de las cintas. Los sindicatos esperaban que “la ley enfrentara y resolviera los problemas de la censura, que debían ser terriblemente graves.”[5] Esto gracias a que en alguna ocasión Guillermo Jiménez, encargado de la supervisión de cintas por parte del gobierno, declaró que las cintas las censuraba según su propio criterio, es decir, él les quitaba lo que creía no era conveniente. Este era un problema, pero no era el único, había otro: el monopolio.

José Revueltas, encargado de la sección de autores y adaptadores del STPC, denunció en 1949 la presencia de un monopolio: “el ochenta por ciento de los cines está en manos de un monopolio que integran tres personas, dos visibles y una invisible: Espinosa (de la operadora de teatros), Alarcón (Asociación Nacional de Exhibidores) y el americano Jenkins, que constituye el poder detrás del trono.”[6] Además, a su renuncia, Revueltas declaró que en el cine mexicano había capital yanqui de negociantes mal intencionados, que por si fuera poco, afectaban los intereses del país. Como era de esperarse el gobierno sólo amenazó al monopolio y éste se negó a cumplir los artículos de la ley cinematográfica que no le convenían. Además los directores independientes que no querían depender del Banco Cinematográfico quedaron en las mismas, es decir, con el nulo apoyo que tenían antes de la ley.

Inicio de la decadencia.

 

Con la llegada de los años 50, de la televisión, el fin de la guerra y del final del sexenio de Miguel Alemán, el cine mexicano comenzó lo que sería su larga, muy larga decadencia. Para empezar, en 1951 no hubo debuts de directores, todas las películas fueron hechas por los mismos directores de siempre, en otras palabras “el estanque no se veía mal, pero no por eso dejaba de ser estanque.”[7]

Pero no todo fue decadencia al inicio de la década de los 50, pues Abelardo Rodríguez vio el gran negocio que era el cine y se dispuso a ser la competencia de Jenkins. Pero Abelardo Rodríguez no fue sólo, sino que lo apoyaron Zacarías, Bustillo Oro, Alfonso Sánchez Tello, De Fuentes, Joselito Rodríguez, Emilio Tuero y De la Serna entre otros. Así que los estudios Tepeyac lograron un mayor alcance, pues muchos trabajadores de la industria decidieron apoyar al menor, en este caso Abelardo Rodríguez y sus estudios Tepeyac.

Pero a final de cuentas el cine mexicano comenzaba su decadencia y el monopolio no fue el único factor pues también se encontraban otros tales como las historias que comenzaban a ser repetitivas de las cintas del Indio, el fin de la Segunda Guerra Mundial y por lo tanto el repunte de Hollywood, la llegada de la televisión y la formación de los canales 2, 4 y 5. Y por si fuera poco, el crecimiento de películas churro en el cine mexicano, que si bien ya existían antes, en esta época fue su boom.

 

Entonces fue que la madurez que se le comenzaba a ver al cine mexicano se esfumó en tan sólo una década. Rápido vino y rápido se fue. Muchos fueron los factores que hicieron del cine mexicano un cine grande a nivel mundial y de la misma forma hubo muchos factores que provocaron la decadencia del cine mexicano. Pero también se puede ver de otra forma al fugaz éxito del cine, es decir, de lo bueno poco y nos podemos quedar sólo con bueno: La llegada de Buñuel a México y la gracia de hacer la que es considerada la mejor película mexicana, Los olvidados, el crecimiento de estrellas que siguen siendo adoradas y el desarrollo de la industria cultural mexicana por excelencia, representada por Pedro Infante y que al morir dejaría su lugar a El santo, el enmascarado de plata. Así que por qué quejarse tanto, sólo cambiamos al charro por el luchador, y después por el albañil arrabalero piropero alburero. Todos ellos mexicanos a final de cuentas.

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía:

–      García Riera Emilio. Historia documental del cine mexicano 5: 1949-1950. Universidad de Guadalajara. México. 1993. 363pp

–      Garcia Riera Emilio. Historia documental del cine mexicano 6: 1951-1952. Universidad de Guadalajara. México. 1993. 309pp

–      http://cinemexicano.mty.itesm.mx/front.html

–      Sánchez Francisco. Luz en la oscuridad. Ed. CONACULTA. México DF. 2002. 286pp


[1] Sánchez Francisco. Luz en la oscuridad. Ed. CONACULTA. México DF. 2002. pp 47

[2] Idem. Pp 78

[3] Idem. Pp 81

[4] Idem. Pp 74

[5] García Riera Emilio. Historia documental del cine mexicano 5: 1949-1950. Universidad de Guadalajara. México. 1993. pp 8

[6] Idem. Pp 10

[7] Garcia Riera Emilio. Historia documental del cine mexicano 6: 1951-1952. Universidad de Guadalajara. México. 1993. pp 7

Estados Unidos siempre ha estado presente en todos y cada uno de los aspectos políticos, económicos, culturales y sociales de México y el cine no fue la excepción. Hasta se podría pensar que el cine mexicano fue grande gracias a Estados Unidos y hoy es chico por lo mismo, no es desprestigiar al trabajo mexicano, pero bien es cierto que mucho de lo que llega a lograr México, tanto bueno como malo, es por que Estados Unidos lo ha dejado. No somos títeres de los Estados Unidos pero también hay que tomar en cuenta la gran influencia que tiene esta nación en casi todo lo mexicano.

México vs Estados Unidos

 

Durante la Segunda Guerra Mundial y el gobierno de Ávila Camacho el cine mexicano dio muestras de grandeza y fama mundial, lo cual no era del total agrado del cine norteamericano. El cine mexicano era y se creía grande, y de tal grandeza decidió desligarse de mucho del cine norteamericano, hasta de los premios, y fue entonces que en 1946 la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas creó la figura del Ariel o el Óscar a la mexicana, el cual tenía la función de premiar a lo mejor del cine mexicano.

         Al termino de la guerra los Estados Unidos y su industria cinematográfica decidieron “recuperar lo suyo”, es decir, el mercado latinoamericano. Entonces Hollywood “había decidido que la mejor forma de abordar los asuntos de esta región, en aras de una buena relación y positiva propaganda, consistía en recurrir para ello al cine mexicano.”[1] Pero la industria mexicana ya no quería que la industria norteamericana la opacara, México había probado las mieles del éxito y no estaba dispuesto a dejarlas. Entonces el Banco Cinematográfico (BC) creó una nueva cadena de cines, de la cual el BC tenía el 51% de las acciones, sin duda una jugada para contrarrestar a la industria estadounidense.

         Tampoco tardaron en aparecer las iniciativas para solucionar este problema que comenzaba a crecer, uno  de los primeros en hacer ofrecimientos fue Guy Ray al proponer “la construcción de cines que serían controlados por los distribuidores estadounidenses, o mediante un acuerdo entre México y Estados Unidos, con bases sobre las cuales el cine mexicano pudiera distribuirse en Estados Unidos y el estadounidense en México.”[2] Pero como era de esperarse esta iniciativa fue ignorada y echada para atrás.

         El problema se agudizó en cuanto el gobierno mexicano comenzó a tener intenciones de imponer una cuota a los filmes extranjeros, por ello el embajador estadounidense en México se puso en contacto con Peter Rathvon, representante de la productora RKO, para proteger los intereses de la industria norteamericana mediante la compra de algún estudio de cine en México. Pero la ofensiva norteamericana no era totalmente norteamericana pues Rathvon realizó una alianza con Emilio Azcárraga, quien de todas formas no estaba tan convencido en entrar en esta pelea.

         Padilla, el secretario de relaciones exteriores de Ávila Camacho, se dio cuenta de la situación que se comenzaba a agudizar entre las industrias norteamericana y mexicana. Por ello alertó del peligro que representaba una apropiación de algún estudio por parte de los norteamericanos para los intereses del país. Los estudios que estaban en disputa eran los estudios Churubusco; el ingenioso plan de los norteamericanos radicaba en que ellos serían dueños del 50% de las acciones del estudio, mientas que la otra mitad sería de Azcárraga, un mexicano.

         En 1944 el gobierno mexicano hizo modificaciones al artículo 27 de la constitución para impedir que la industria cinematográfica norteamericana ganara demasiados beneficios, en pocas palabras, impedir que la industria mexicana se volviera estadounidense. “El gobierno solamente había buscado formas y recursos mediante los cuales la propiedad de las industrias mexicanas bien establecidas y rentables, como era la del cine, quedaran en manos mexicanas y se impidiera a extranjeros adueñarse de ellas.”[3] El primer round de esta pelea lo ganó la industria mexicana pero con la curiosidad de que la RKO sí obtuvo el 49% de los estudios Churubusco y además tenía su propia compañía productora, la RAMEX.

Una nueva pelea comenzó con el tema del doblaje. La industria mexicana no estaba de acuerdo en que el doblaje se realizara fuera de México y en esta oposición participaban tanto el gobierno como los dos sindicatos principales de la industria cinematográfica: Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC) y Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica (STIC). El único que apoyó abiertamente el doblaje fue Carrillo de del STPC, pues lo consideraba una fuente más de empleos.

         El fondo principal de toda esta lucha era que Estados Unidos quería recuperar lo que creía como suyo, y que al terminar la guerra se encontró con un mounstro que ellos mismos ayudaron a crear: el cine mexicano. Así fue que una vez terminada la guerra, la Casa Blanca nuevamente se enfocó al cine. Al menos de la forma que lo hizo antes de la guerra, y uno de los objetivos principales era conquistar a Latinoamérica, Asía y Europa, aunque fuera por medio del cine.

         La Motion Pictures Producers and Distribuidors Association of America (MPPDAA) realizó un plan para que la pelea no se agudizará más, proponía un plan recíproco entre las dos naciones en donde se pudieran importar sin ningún problema las cintas de México a Estados Unidos y viceversa. Pero México no aceptó esto por dos razones: la primera fue que este plan tenía pequeños beneficios para los norteamericanos (pues la MPPDAA era norteamericana) y por que sin duda México aspiraba a algo grande pues tenía la “evidente intención de impresionar a las audiencias latinoamericanas con referencias a la importancia de México como líder de América Latina.”[4]

Entonces México ¡se alió con el enemigo!, pues se iniciaron negociaciones cinematográficas con la URSS a través de la representación de Boris Ivanoff. Sin duda este hecho era el divorcio declarado entre México y EUA. Las negociaciones no terminaron ahí, después de la URSS vinieron negociaciones con España y posteriormente con otros países europeos. Sí, sin duda esto ya era un divorcio. Sin embargo, surgieron algunos problemas internos pues se acercaban las elecciones y los amigos ya no eran tan amigos. Padilla, secretario de relaciones exteriores renunció a su cargo para iniciar su carrera a la presidencia, pero combatió contra el delfín de Ávila Camacho, es decir, Miguel Alemán, el cual además tenía muy malas relaciones con George Messersmith, el embajador norteamericano.

         El inicio del alemanismo tenía buenos horizontes y parecía que el cine mexicano seguiría subiendo peldaños, pero a mediados del sexenio comenzaron a surgir los problemas suficientes para bajar a la industria cinematográfica mexicana de su nube. El primero fue el final de la Segunda Guerra Mundial, el cual provocó que Hollywood prendiera motores de nuevo y no sólo Hollywood sino que las industrias de Inglaterra, Italia, Alemania y España hicieron lo propio; el segundo problema fue el invencible monopolio de Jenkins que no pudieron ser derrocados ni él ni sus aliados; la censura y trabas a la proyección de cintas norteamericanas en México, hecho que provocó que la furia estadounidense aumentara; la negativa del STIC por defender los intereses de productores y directores mexicanos por procurar buenas relaciones con la industria norteamericana; el descuido de la audiencia de las clases media y alta por parte de la industria cinematográfica mexicana a las cuales no les interesaban la vida de los pobres; y como último golpe, el que provocó el knock out, fue la llegada de la televisión.

Alemán y sus cabareteras

 

Como era de esperarse el sucesor de Manuel Ávila Camacho a la presidencia fue Miguel Alemán, su delfín. El período de Alemán terminaría hasta 1952, año en el que no sólo terminó el gobierno alemanista sino que el cine comenzó su larga y muy larga decadencia. Pero volviendo a los inicios del gobierno alemanista, la política de este hombre estaba basada en industrializar a México y el objetivo era cambiar los huaraches por los zapatos y las chozas de techo de lámina por las casas de techo de dos aguas, en pocas palabras, adoptar el american way of life. Esto no sólo en la vida real, también en el cine. Pero debido a muchos y muy diversos problemas el objetivo no se cumplió, o se cumplió a medias, y gracias a esto la sociedad mexicana se quedó entre la industrialización y la agricultura y fue esto lo que se presentó en los nuevos géneros del cine mexicano.

         Una de las diferencias más notorias entre el cine dentro del avilacamachismo y el alemanismo es que las historias ya no recurren al eterno tema de la revolución mexicana, sino que se filman historias en otros escenarios como por ejemplo los cabarets o las calles, pues también prevaleció lo urbano sobre lo rural. También surgieron algunos problemas como el sindicalismo charro y el gobierno decidió seguir “el camino fácil de reducir gastos, los presupuestos y, por supuesto, las ambiciones. Pero ello explica sólo una parte del problema, ya que se consideró que las películas se hicieron pobres no únicamente en su presentación, sino también en su temática.”[5] De este pequeño bache se salió a través de la Comisión Nacional Cinematográfica, la cual era la señal del total apoyo del gobierno al cine pero con una pequeña condición: que las cintas fueran de alta calidad y de interés nacional, en pocas palabras, resaltar lo bonito de México y no tratar temas contra el gobierno. Esto significó el total apoyó al cine, pero un cine que se tenía amordazado pues no podía tomar ningún camino más que el de las cabareteras, el cómico o el urbano. Además, aquí se gestaba otro golpe a los norteamericanos pues “se hizo sentir en la producción de cintas nacionalistas y patrióticas cuyo manifiesto era desligarse de las ideologías extranjeras.”[6] Esto aplicaba a ideas comunistas e ideas norteamericanas.

         A México llegaron diversos directores provenientes de otros países pero sin duda el más importante fue Luis Buñuel quien además se aventó la puntada de crear la que es considerada como la mejor película mexicana hasta el momento: Los olvidados, la cual, dicho sea de paso, fue censurada. Esta cinta del género urbano retrataba a la Ciudad de México pero no de la forma que el gobierno quería pues se mostraba los más mórbido de la sociedad capitalina y la pobreza en que vivía, característica muy marcada de este género, al cual también pertenece la tríada de Pedro Infante, “La chorreada” y compañía, es decir Nosotros los pobres, Ustedes los ricos y Pepe el toro.

         También se llevaron al cine adaptaciones de obras literarias, una de las más importantes fue Doña perfecta. Además se comenzaron a hacer cintas biográficas de héroes de la revolución como ¡Viva Zapata!, la cual tuvo una vigilancia muy especial por parte del gobierno debido al tema tan delicado que retrataba. Por otro lado, la comedia ranchera seguía viva pero no tan viva como durante el avilacamachismo.

         Y por supuesto que también se encuentra el cine de cabareteras, el cual es uno de los géneros predilectos en la historia del cine mexicano pues existe desde la primera Santa hasta llegar a El callejón de los milagros y todas las que sigan. En esta etapa la “aventurera” predilecta de todos fue Ninón Sevilla, protagonista de Aventurera, Sensualidad y No niego mi pasado. Este género se caracterizó por enaltecer a la prostituta, la cual antes de ejercer el oficio más antiguo del mundo era una provinciana persignada que por extraños azares del destino llegaba a la Ciudad de México, se volvía puta y lo que es más, se convertía en la mujer más deseada por todo visitante a su prostíbulo.

La época de oro del cine mexicano terminó igual de rápido como llegó, parecería que duró más pero no fue así, tan sólo duró 13 años, de 1939 a 1952 (aunque hay autores que manejan diferentes fechas), abarcó tres sexenios y una guerra mundial completa. Posterior a esto el cine mexicano entró en un gran bache del cual no ha salido del todo, apenas y ha alzado la mano, pero bien es cierto que los únicos que podemos volver a enaltecer el cine mexicano somos los mismos que lo hundimos, es decir, las productoras, directores, actores, sindicatos, gobiernos, público y  hasta Estados Unidos. Sin embargo, por ahora sólo queda concluir que la época de oro del cine mexicano es la muestra perfecta que de lo bueno poco.

 

Bibliografía:

– Peredo Castro Francisco. Cine y propaganda para Latinoamérica. Ed. UNAM. México DF. 2004. 509pp


[1] Peredo Castro Francisco. Cine y propaganda para Latinoamérica. Ed. UNAM. México DF. 2004. pp 293

[2] Idem. Pp 301

[3] Idem. 320

[4] Idem. 343

[5] Idem. Pp 376

[6] Idem. Pp 380

En los sistemas políticos democráticos las elecciones son un eje fundamental de la participación ciudadana, pues es a través de estas que los ciudadanos eligen a otros ciudadanos para que los representen. Pero cabe aclarar que las elecciones no son la única forma de elegir gobernantes, pues existen sistemas de consenso, sorteo, antigüedad, herencia, concurso y designación, pero estos sistemas suelen ocuparse poco en los sistemas democráticos.

Además de las elecciones hay otras formas en que los ciudadanos pueden participar en el ejercicio político, una de ellas es el sistema tradicional que está compuesto por familias, o las famosas “palancas”; otro es el sistema organizativo que está compuesto por sindicatos, partidos políticos u otras organizaciones de índole política; y por último el sistema electoral, el cual es al que tienen acceso la mayoría de las personas y por lo mismo es el más común.

El sistema electoral ofrece tres ventajas principales sobre los otros dos sistemas, el primero es la universalidad del acceso, que se refiere a que todo ciudadano en capacidad de participar lo puede hacer con toda libertad; la igualdad de influencia, es decir, al momento de votar, todos son iguales, el voto del rico vale exactamente lo mismo que el voto del pobre; y la tercera ventaja es privacidad y libertad del voto, la cual evita lo más posible presiones sobre los individuos sobre el cómo realizar su ejercicio político.

Asimismo el voto puede ser dividido en tres grupos según su “peso”. El primer grupo es el del voto indirecto, en el que las personas eligen a un grupo de personas que votarán por ellos; el segundo grupo es el del voto por curias o escaños, en el que se divide a la población en grupos y se les asigna cierto número de lugares representativos, y los integrantes de los grupos deben votar por los candidatos de su mismo grupo; el tercer grupo está integrado por el voto plural, en el que el voto de las élites tiene más peso. Este último grupo deja a un lado la ventaja de la igualdad de influencia, pues desde el momento que un voto vale más que otro, se entra en un sistema electoral de desigualdad.

Ahora bien, un elemento importante de las elecciones son los candidatos a ocupar los puestos representativos, y para que los ciudadanos puedan formular sus preferencias se deben de cumplir tres puntos importantes: 1) Que los ciudadanos tengan acceso libre y plural a la información de cada uno de los candidatos, 2) que cualquier persona insatisfecha con las opciones pueda ofrecer una propia, y 3) que las autoridades en turno “no metan mano” en el proceso, es decir, que no haya fraude.

De igual manera, para que las elecciones sean justas es necesario que éstas se realicen sin la preferencia o la influencia en ellas del gobierno en turno, que el voto de cada ciudadano sea respetado y libre, y que las elecciones y los periodos de gobierno tengan un límite de tiempo establecido, esto gracias a la volatilidad de las preferencias que puede haber por parte de los ciudadanos, pues no siempre estarán de acuerdo con los políticos y sus partidos en todo.

Las elecciones además de ser el ejercicio clásico de la democracia, otorga a los estados tres funciones básicas: Produce representación, es decir, integra organismos que serán liderados por gente que eligió la propia gente; otorga un gobierno, con esto se plantean acciones que pueden estar enfocadas hacia la población, o bien, hacia otros gobiernos; y por último, producen legitimidad, pues al haber una representación mayoritaria que fue aceptada, los que integran el gobierno resultan ser legítimos.

Los sondeos y encuestas son las técnicas más usadas para medir las intensiones de voto de las personas, pero gracias a que el voto resulta ser anónimo, en muchas ocasiones resulta difícil establecer quiénes fueron los que votaron por tal candidato. Esto no quiere decir que sea imposible realizar grupos de personas de acuerdo a sus actitudes y sus preferencias de voto para las elecciones, pero lo que sí resulta ser imposible es saber exactamente qué grupos de personas y cuantos integrantes de esos grupos votaron por un candidato. Todo al ámbito pre electoral sí puede ser medido, y en este período sí es posible engrupar a las personas. Pero de igual forma los resultados de las encuestas sobre intención de voto no son axiomas imposibles de derribar pues resultan tener fallas, o bien, simplemente la gente que respondió de determinada forma una encuesta, en otro momento piensa diferente.

Las encuestas sin embargo sirven para cumplir diversas funciones según el momento en que se utilicen. Para los tiempos pre electorales sirven para realizar una proyección de lo que pasará en las elecciones, mientras que en tiempos post electorales resultan útiles para hacer un análisis de las elecciones, comparando resultados de encuestas con los resultados de las elecciones.

Bibliografía:

Anduiza Eva y Bosch Agustí. Comportamiento político y electoral. Ed. Ariel Ciencia Política. España. 2004. 280pp

 

 

 

 

 

 

 

 

El metro y el rock

Publicado: febrero 14, 2012 en Esas tareas ínfimas

Trabajo realizado en el lejano año de 2006, de cuando el boleto aún costaba 2 miserables pesos.

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¿Qué es el metro?

 

Este trabajo está dedicado al estudio del Transporte Colectivo Metropolitano, mejor conocido por “Metro”, de la Cd. De México. Este sistema de transporte está controlado por el Gobierno del Distrito Federal.

El metro tiene por directora en turno a la Dra. Florencia Serranía Soto, quién inició su gestión en el 2004. Entre las demás direcciones administrativas del metro se encuentran: Contraloría interna, Gerencia de atención al usuario, Dirección de administración, Recursos humanos, Gerencia de presupuesto, Gerencia de finanzas y la Gerencia de obras y mantenimiento, entre otras. También cuenta con diversas organizaciones como el sindicato de trabajadores del metro y el INCADE (Instituto de capacitación y desarrollo).

Actualmente un viaje en metro tiene un costo de $2.00 mn y tiene servicio los 365 días del año con un horario en días laborales de 05:30hrs. a 00:30hrs y Domingos y días festivos de 07:00hrs a 00:30hrs.

 

Historia.

El metro inició su construcción en el gobierno del regente Alfonso Corona del Rosal en el año de 1967, con la propuesta del ingienero Bernardo Quintana, quién se encontraba el frente de la ICA (Ingenieros Civiles y Asociados). La propuesta nació gracias a la gran problemática de transporte que tenía el Distrito Federal, especialmente en el centro. El ing. Quintana presentó su anteproyecto a diferentes autoridades del gobierno del DF, pero fue hasta el 29 de Abril de 1967 que se dio a conocer mediante un decreto presidencial, la formación del Sistema de Transporte Colectivo con el propósito de construir un recorrido subterráneo para el transporte del DF.

         El 19 de Junio de 1967, en Av. Chapultepec con Bucarelli, se dio la inauguración de una de las obras más grandes e importantes de México en el siglo XX: la del metro. Fue hasta el 4 de Septiembre de 1969 cuando un primer vagón del metro dio su primer recorrido entre las estaciones Insurgentes y Zaragoza, viaje que llevaba entre los primeros pasajeros al regente del DF Alfonso Corona del Rosal y al presidente Gustavo Díaz Ordaz.

 

Líneas y estaciones.

Desde aquel primer viaje hasta nuestros días el metro no ha dejado de crecer y lo que empezó con sólo una línea de 16 estaciones que transportaba a más de 240 mil pasajeros de Chapultepec a Zaragoza se ha convertido en un sistema de 11 líneas con 167 estaciones distribuidas en toda la Cd. de México que transporta a más de 4, 200, 000 pasajeros en 191.5 kilómetros de vías.

         Las líneas del metro están organizadas por colores y las estaciones por imágenes, para facilitar el viaje de usuarios analfabetas con tal de hacer del metro un transporte donde cualquier persona pueda viajar.

Las líneas del metro son las siguientes:

1 (Rosa) Observatorio- Pantitlán con 18.18 kilómetros de vías en 20 estaciones

2 (Azul) Cuatro caminos- Tasqueña con 23.4 kilómetros de vías en 24 estaciones

3 (Verde) Indios verdes- Universidad con 23.6 kilómetros de vías en 21 estaciones

4 (Azul claro) Martín Carrera- Santa anita con 10.7 kilómetros de vías en 10 estaciones

5 (Amarilla) Politécnico- Pantitlán con 15.7 kilómetros de vías en 13 estaciones

6 (Roja) El rosario- Martín Carrera con 13.9 kilómetros de vías en 11 estaciones

7 (Naranja) El rosario- Barranca del muerto con 18.8 kilómetros de vías en 14 estaciones

8 (Verde fuerte) Garibaldi- Constitución de 1917 con 20.1 kilómetros de vías en 19 estaciones

9 (Café) Tacubaya- Pantitlan con 15.4 kilómetros de vías en 12 estaciones

A (Morada) Pantitlán- La paz con 17.2 kilómetros en vías en 10 estaciones

B (Verde/Gris) Buenavista- Cd. Azteca con 23.72 kilómetros de vías en 21 estaciones.

 

 

Efectividad

 

El metro de la Cd. de México con sus 191.5 km es sólo superado por el metro de Londres, Nueva York, Moscú y París en cuanto a longitud se refiere. Y en materia de afluencia ocupa el tercer lugar mundial al transportar 4 millones de personas diarias, sólo por debajo de los metros de Moscú y Tokio. El metro representa el 23% del transporte de la Cd. de México. Y como una gran ventaja, el metro de la Cd. de México es uno de los más baratos del mundo al costar sólo dos pesos, cuando en sus inicios tenía un costo de un peso.

         Las líneas más transitadas del metro son: Línea 2 (866, 888 pasajeros), línea 1 (824, 640pasajeros) y la línea 3 (749, 459 pasajeros). Y las estaciones con más afluencia son: Pantitlán con 377 mil pasajeros, Indios verdes con 180 mil pasajeros, Cuatro caminos con 155 mil pasajeros, Tasqueña con 110 mil pasajeros y Tacubaya con 100 mil pasajeros.

 

El metro como un fenómeno social.

 

Comercio informal

Aunque existe una ordenanza publicada el 6 de Enero de 1993 que prohíbe el ambulantaje dentro del metro, este cuenta con una gran organización de vendedores ambulantes que comercializan cualquier tipo de producto, ya sean discos, dulces, lámparas, libros etc.

         Los vendedores, llamados “vagoneros”, están supervisados por un jefe, al cual le deben de pagar cierta cantidad de dinero diaria para poder seguir vendiendo y el sobrante de la ganancia es para ellos. Pero el ambulantaje no es la única fuente de empleo informal que se opera en el metro sino que también existe una gran variedad de actividades tales como los mendigos.

         Los mendigos operan de diferentes formas, hay algunos que sólo se suben a los vagones, exponen su historia y pasan de lugar en lugar para ver quién les da dinero, pero también existen los que realizan alguna actividad como el acostarse sobre vidrios. También están los artistas (músicos, poetas, malabaristas) que se suben a los vagones para presentar diferentes espectáculos.

 

Icono urbano

 

El metro, a través del tiempo, no sólo ha sido un transporte más, los años y algunos movimientos, como el musical de la Cd. de México, lo han convertido en parte esencial de la vida cultural en el DF.

Entre los primeros músicos en hacer un homenaje a este transporte está Rockdrigo González, oriundo de Tampico, Tamaulipas, que compuso “Metro balderas” (Disco Urbanohistorias), tal ha sido el impacto de la canción que en el XXV aniversario luctuoso del músico, se colocó una placa conmemorativa en la estación del mismo nombre.

Botellita de jerez, uno de los grupos mexicanos de rock con más talento para plasmar la vida mexicana en canciones, también realizó un tributo a este transporte con su canción titulada “Heavy metro”; la lista puede seguir con canciones como “El metro” y “Metro busco amor” de Café Tacuba y Los lagartos respectivamente.

El metro ha sido tomado como parte esencial en la vida de cualquier habitante del DF, especialmente si pertenece a una clase baja o media. El metro, al contar con transporte a todos los lugares del DF o casi todos, es la primera opción para viajar.

         La delincuencia ha sido otro de los rasgos característicos del metro, pero en este lugar la delincuencia no es igual a los demás lugares del DF, sino que aquí operan los llamados “carteristas”, que sólo se ocupan de quitar la cartera, por lo general sin usar la violencia. Otra modalidad muy común son las agresiones sexuales, especialmente a mujeres en horas pico, es por ello que en las horas de mayor afluencia se dividen los vagones: algunos para mujeres y otros para hombres. Por último, un problema al cual se han enfrentado todos los metros del mundo: los suicidios. Los suicidios en los metros son muy comunes y fáciles de realizar pues sólo basta con aventarse a las vías. Aunque el metro de la Cd. de México tiene un bajo porcentaje de suicidios en comparación con otros (en el metro de París el promedio de suicidios por semana es de cuatro) es un problema del cual no ha quedado exento.

El malestar en la cultura

Publicado: febrero 10, 2012 en Esas tareas ínfimas

La tesis principal de Freud en este trabajo es que la cultura hace infeliz al humano y mientras ésta permanezca, el humano seguirá siendo infeliz, algo así como si la cultura fuera una cadena que no se puede romper. Algunas de las ideas secundarias de este trabajo es que dentro de las ideas que la cultura causa en el humano, están que éste sea feliz según ciertas cosas, pero que todo esto es una mentira porque en realidad, como acabo de escribir en este mismo párrafo, la cultura nos deja infelices. Otras ideas llevadas a cabo por Freud son el control de los instintos que la cultura ejerce sobre nosotros, la posesión de objetos y nuestra relación con ellos y hasta el amor y su intervención en la psique del humano en relación con la cultura.

Freud inicia mencionando las diferentes actitudes del ser humano hacia los demás, en especial esa envidia que todos podemos tener hacia aquel que creemos es “mejor”, “tiene más”, “sabe más” y un largo etcétera en el que nosotros quedamos disminuidos. Después es que introduce el elemento amor en la cultura y como éste interviene en la frontera del yo interno y del yo externo, de cómo es que cuando uno está enamorado la frontera de estos dos yo se flexibiliza. Aquí cambe mencionar que el yo interno y el yo externo comienza a distinguirse en cuanto el bebé se da cuenta de que ni su mamá ni nadie que lo rodea es parte de él, sino que esto es un yo externo, o bien, un no yo.

Por otro lado, Freud habla de cómo al darse cuenta el ser humano de lo pequeño que es en comparación con el mundo, comienza a crear a sus dioses, esto como un afán de tener una imagen paterna que nos cuide de los males y, por qué no, echarle la culpa cuando algo nuestro no sale bien. Con esto se da origen a las religiones y a los rituales, que son la primera manifestación de una cultura, esto, tomándola como un conjunto de tradiciones, pensamientos y reglas de una comunidad. Es entonces que los dioses y las prohibiciones que de ellos emanan, son las primeras manifestaciones culturales que empiezan a limitar al humano, Freud las califica de delirios colectivos para salirse de la realidad. Las cadenas que representan las reglas pueden iniciar con las reglas religiosas y se pueden extender hasta todo el tipo de leyes que existen en la actualidad (civiles, mercantiles, militares, etc.)

Esta manifestación y construcción de dioses, Freud la toma como una necesidad del ser humano por tener alguien superior a él y la tacha también de una idea infantil, en la que si uno se detiene a analizar toda esa situación, resulta extremadamente irreal. Sin embargo, lo que en realidad se busca con toda esa manifestación religiosa (de la religión que sea) es alcanzar la felicidad; esto de alguna forma da la razón a Freud, pues el propio humano es quien se pone sus límites, pero él mismo también inventa el momento en que esos límites serán borrados, en el caso de algunas religiones (como la católica) es que al morir, si uno se portó bien, será recompensado con la felicidad eterna.

Las tres fuentes que nos hacen infelices según Freud son:

–          La supremacía de la naturaleza

–          La caducidad de nuestro cuerpo

–          La insuficiencia de nuestros métodos para regular las relaciones humanas en la familia, el Estado y la sociedad.

Sin embargo, y adelantándome a algunos temas del texto, Freud deja claro que este inicio religioso tiene su origen casi en el origen mismo del humano; especialmente cuando iniciaron las comunidades sedentarias, pero que en su actualidad (1930) la religión comenzaba a tener descontenta a la gente (ya no inconcientemente, sino concientemente), esta idea no fue nueva para cuando Freud la escribió, sino que ya tenía un largo recorrido y muchos filósofos, artistas y científicos la habían abordado (ejemplo: Niezstche) . Así que si para 1930 la religión comenzaba a causar desconfianza en algunas personas y ya era una idea trabajada y estudiada, podemos comprender como es que en la actualidad se comienza a sufrir una auténtica decadencia en la fe institucional en las nuevas generaciones, en las que se cree en algo, pero ya no se cree en quienes representan a la fe.

Pero para Freud, la felicidad no tiene que ser alcanzada hasta el momento de morir, sino que la felicidad no es otra cosa más que la satisfacción de necesidades acumuladas. Sin embargo, es aquí donde entra la cultura, pues ésta nos impide ciertas satisfacciones humanas, empezando por la prohibición de la satisfacción de necesidades primarias humanas en ciertos lugares o tiempos por considerarse de mala educación, o sea, que en la sociedad conviene estar bien educado en lugar de satisfacer nuestras necesidades.

Con esto, se menciona que pueden existir ciertas escapatorias a esta realidad, las drogas son un ejemplo de esto, pero Freud no aborda más este tema, tan sólo se limita a mencionarlo. En lo que sí abunda más, es en cómo ciertas actividades tales como consumir drogas (de la clase que sean) o la creación artística, o la investigación científica, entra muchas otras actividades, no son más que actos que sirven de moneda de cambio por las satisfacciones prohibidas o controladas, es decir, para la sociedad es mejor que uno esté bien educado (como ya mencioné), sea creativo,  se drogue (con cualquier tipo de droga, legal o ilegal) o realice muchas investigaciones científicas, en lugar de comer en el trabajo, dormir en la calle y tener relaciones sexuales en exteriores. Todo esto se resume en la palabra: sublimación.

Esta palabra –sublimación- es clave para comprender la tesis de Freud en este trabajo, pues mediante la sublimación, el individuo cree que es feliz (y hasta exitoso) al realizar algo, pero en realidad sólo cambia esto que hace por no satisfacer sus necesidades, por lo que detrás de su felicidad cultural, se encuentra su infelicidad psíquica (por definirla de alguna forma). Además, para calificar a las culturas de las civilizadas de las no civilizadas, la sublimación  es un elemento de vital importancia, pues mientras una sociedad esté más cercana al ello es más incivilizada, mientras que si está más cercana al superyó es civilizada.

Es entonces que las necesidades pasan a un segundo plano en el ser humano, ya que sólo se pueden tener relaciones sexuales después de estar casados y para conservar la especie, no se puede comer más de lo que uno necesita, uno sólo puede dormir cuando de verdad está cansado y un largo etcétera en el que las necesidades primarias pasan a ser necesidades terciaras de la vida en la cultura (aunque hay que aceptar que la necesidad humana más prohibida es el sexo, puesto que es la única de la que el individuo puede mantenerse alejado y no morir).

La libido que se guarda al abstenerse sexualmente no se queda guardada con el rigor de la palabra, sino que sale mediante otras actividades (sublimación), pero otra forma es desviar la libido del sexo hacia otros objetos, convirtiéndola en una libido objetal, en la que cualquier objeto es víctima o beneficiario del instinto de eros o tanatos, según sea el caso.

Cuando el ser humano no cumple su gran educación y se desvía tantito del camino de la moral dictada por la cultura, es cuando entra la necesidad de castigo, es algo así como si uno se dijera a sí mismo el mal que cometió, pero su propia ética es quien lo obliga a decir: “castíguenme”. El castigo es tomado por Freud como esa vuelta al “buen camino de la infelicidad” que la cultura impone sobre nosotros. Uno de los sentimientos más susceptibles es la agresividad, en la que si uno golpea, rompe, desgarra o destruye algo siente la necesidad de ser castigado, aunque Freud dice que esto es normal, pues inconcientemente se toma la decisión de mejor destruir cosas externas en lugar de destruirse a uno mismo. Aunque también existen los casos en que uno se castiga a uno mismo, esto no debe ser tomado como cuando los monjes se flagelan, sino que el autocastigo puede radicar en enfermedades que al individuo le dan, por increíble y descabellada que parezca esta idea. A esta necesidad de ser castigado, también se le puede tomar como remordimiento posterior a la desviación del buen camino.

Todo puede ser resumido a esto:

CULTURA à Infelicidad inconciente debido a las leyes culturales (religiosas, nacionales, etc.)

                     à Felicidad conciente mediante la sublimación

                     à Si no se cumple = Remordimiento/Culpa à Enfermedades

Fuente:

– Freud Sigmund. El malestar en la cultura. 1930

El laberinto de la soledad

Publicado: febrero 8, 2012 en Esas tareas ínfimas

Todo mexicano que se jacte de serlo debe de ser un hijo de la chingada, un ser en busca de sí mismo, de sus tradiciones, de su forma de ser, de su esencia; además, la respuesta a esto no se encuentra en su historia nacional, sino que sólo en ocasiones ésta ayuda a ese desconcierto que el mexicano vive. Necesariamente, el mexicano vive en una eterna pubertad, en la que se siente parte de algo a veces, pero en otras tantas se siente solo y sin un rumbo fijo. En suma, el mexicano debería de ser sumamente reflexivo sobre sí mismo.

El mexicano puede compararse con el norteamericano, de esa comparación pueden salir demasiadas diferencias. En los años recientes a la Segunda Guerra Mundial, surgió en Estados Unidos y en las ciudades del norte de México, un grupo que se sentía plenamente identificado con su barrio, con su ser, eran los pachucos. Los pachucos en Estados Unidos no buscaban el reconocimiento de la sociedad de ese país, sino que acentuaban sus diferencias, gritaban a los cuatro vientos que eran mexicanos de nacimiento o mexicanos por herencia sanguínea, el pachuco se sentía no sólo orgulloso de su barrio, sino que, habitando en Estados Unidos, se sentía orgulloso de ser mexicano.

El mexicano vive en una eterna pasividad, el norteamericano tiene una vida acelerada; el mexicano trabaja en la tierra y se ensucia las manos, el norteamericano trabaja en fábricas y usa guantes; el mexicano es católico y el norteamericano no lo es; esas son algunas de las diferencias del nacido en México con el nacido en Estados Unidos. Pero ambos comparten la soledad, la diferencia radica en dónde se sienten (están)  solos, el norteamericano se siente (está) solo en un paisaje artificial creado por él mismo, mientras que el mexicano se siente (está) solo en la noche a la luz de la luna y las estrellas de un ambiente natural.

Todo mexicano se fabrica máscaras con las que oculta sus verdaderos sentimientos, pero la máscara no sólo sirve para eso, también sirve para crearse un muro entre él y el mundo que lo rodea, ayuda a que la soledad del mexicano crezca. La máscara sirve para que el mexicano se aleje aún más de todo, para que se aísle. El mexicano se vuelve un actor que debe interpretar diversos papeles según lo amerite la circunstancia, pero no se debe de exceder, debe de estar conciente de que sólo interpreta un papel, el cual se acaba cuando se quita la máscara.

Por otro lado, no todos los mexicanos somos iguales, por un lado están las mujeres lamentándose por una herida que nunca les cicatrizará, y por el otro está el hombre buscando la forma de no rajarse, de no ser derrotado, de mantenerse siempre de pie, de no tener nunca aquella herida de la mujer. La mujer es elevada a términos de diosa, musa, virgen, amada, y por lo tanto no debe de hacer nada, debe ser pasiva; en el amor, la mujer debe de esperar a su príncipe azul, ella no puede acudir a él, tiene que ser como está establecido, el hombre debe ser el que seduzca a la mujer, el que la ronde, el que la cuide, el que la ame.

La fiesta es sagrada para el mexicano, tan sagrada como al santo al que se festeja. Cualquier pretexto es bueno para celebrar, se celebra en las buenas y en las malas, nos reímos de nosotros mismos, nuestra desgracia nos “la pela” porque nos burlamos de ella, de cualquier tragedia se pueden hacer chistes o bromas, el mexicano ríe para no llorar. También grita, el mexicano debe gritar todo lo que quiera en las fiestas, ese es el lugar indicado para hacerlo, después ya no se puede, el mexicano debe de gritar en las fiestas para callar todo el demás tiempo. La celebración es la unión entre los mexicanos, ahí ya no debe de importar origen, religión, gustos, colores, ahí los mexicanos se deben de hacer uniformes, las jerarquías, los lugares, las clases y el organigrama se debe de caer, la fiesta está abierta para todo mexicano que se quiera divertir.

El mexicano puede caer en la extrañeza o en la curiosidad de los extranjeros, el mexicano puede ser un buen amigo, el mexicano puede ser extremadamente sociable o demasiado antisocial. El mexicano se une y se aísla solo del grupo. Somos cambiantes, primero podemos ser los represores, los persecutores, los tiranos, y en un momento nos convertimos en el otro lado de la moneda, en el reprimido, en el perseguido, en el súbdito.

La madre es el eje del mexicano, es la mujer que sufre por los hijos, puede llegar a ser la chingada o puede ser la virgen que alivia y cuida. Todas las madres son la chingada y la virgen, es la chingada cuando no es la tuya y es la virgen cuando es la mía. Todo este juego se mueve entre lo que es mío y lo que no lo es, mientras mi madre, la virgen, no sea atacada todo va bien, cualquier mexicano se “prende” con los insultos; “hijo de la chingada” o “chinga tu madre”.

La historia puede ser un gran recurso para que el mexicano se encuentre a sí mismo, pero esto no siempre es así. Cada momento histórico de México representa algo muy diferente y quizás hasta contradictorio. La llegada de los Aztecas al Valle de Anahuac, la caída de la Gran Tenochtitlan, la creación de la Nueva España, la colonia, la independencia, las invasiones norteamericanas y francesas, la reforma, el porfiriato, la revolución, la expropiación petrolera, el 68, el terremoto del 85 y demás, todos ellos son vínculos del mexicano con su historia, pero no todos representan lo mismo, desde el nacionalismo representado por la independencia o la revolución, hasta la influencia europea del porfiriato, el mexicano no se encuentra al cien por ciento en su historia. Desde el “mexicanos al grito de guerra”, hasta el “por mi raza hablará el espíritu”, pasando por el “amor, orden y progreso”, el mexicano se siente más o menos representado en estas frases, pero no del todo.

Pero hay una buena noticia para el mexicano, a pesar de haber estado siempre atrasado en la historia universal o mundial, por fin el mexicano está al mismo nivel histórico de todos los demás, por fin el mexicano es parte de algo, el mexicano, como el alemán, el cubano, el norteamericano, el argentino y todos los demás, se siente solo, es hasta ahora que el mexicano comparte la misma historia con las demás naciones. El mexicano se siente solo, pero su soledad está acompañada por más soledad.

Bibliografía:

–          Paz Octavio. El laberinto de la soledad. Ed. FCE. México. 1972. 191pp